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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.
Entradas recientes

[73]

“Estuvo bueno mientras duró”, me miento cada día.

[72]

Qué feo espiar la siesta ajena, esperando que la dicha lo salpique a uno.

[71]

Soñar sueñan los desdichados.
Qué felices los infelices, en su mundo de collages despegados.
La esperanza, inexistente. Falsa su compañía, falso su interés. Mejor solo que mal acompañado, dice el dicho. 
Y elijo no soñar porque es lo que me sirve. Pero falla el engaño, porque sé que hay cosas que no se pueden elegir. De hecho, no hay ninguna. Pero mucho menos, elegir lo que se sueña. Elijo, entonces, no pensar en lo que sueño. Y si es un cúmulo de recuerdos, lo mejor será aplastar la cabeza contra la almohada y desear por una amnesia que no llegará, mientras se aprietan los dientes y los párpados y es todo maldición e insultos al aire. Por qué, por qué, por qué pregunta el alma desdichada, aunque sabe que la respuesta será siempre la misma: porque sí. Porque a algunos no nos queda más que recordar las míseras imágenes de una existencia menos desgraciada que alguna vez conseguimos rozar. O espiar de lejos.

[70]

Fin de la noche, pensé. ¿Fin de la noche?, me pregunté. Del otro lado, silencio. No podía quejarme; de mi lado fue casi igual. No dije nada, a propósito. Sabía disfrutar de eso. Del silencio, no de no decir nada. Me preocupaba saber si eso te molestaba. Nunca lo pregunté y definitivamente no era el mejor momento.

De todas las malditas noches...

[69]

En la medianoche perdida de los días desperdiciados*, la hora que pasaba extrañaba a la hora por venir.
Pensando en lo que no dije me distraigo de pensar por qué pensaba lo que no decía. Miedo, se llama. Al rechazo, se sabe. Esas cosas que llegan por la (poca) experiencia que uno pudo juntar, migaja sobre migaja, moneda sobre moneda. Un día dije lo que pensaba, peor, lo que sentía, y no obtuve respuesta. Qué feo que alguien se encoja de hombros frente a la sinceridad indefensa de uno. Qué feo recordarlo. Por qué pensar lo que uno piensa, por qué decirlo. Es mejor no decir nada. Aunque uno después pase años pensando en ello.



*En qué cabeza cabe que “esfumado” sea sinónimo de “desperdiciado” (pista: en la mía)

[68]

Melodías viejas que acompañan mejor que esos raros silencios nuevos.