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Mostrando las entradas de julio, 2017

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De pisar muchas veces las mismas baldosas flojas, se aprende.

(o quizás no)

Abue

El sábado hizo un mes que murió mi abuela. No me cuesta escribirlo pero me cuesta creerlo. Y antes de eso, pasó un mes internada. Tanto tiempo pasó, y sin embargo parece que no hubiera pasado nada. Sigo sin entender muy bien, sigo sin creer nada.. o sin querer creer nada. Sigo porque tengo que seguir y no pienso porque es lo que me conviene. Un poco nos habíamos acostumbrado a que no apareciera mucho, pero estaba. Y ahora ya no está más, y es difícil admitirlo. Difícil, imposible. Algún día voy a caer, abue, y nadie me va a poder levantar. Ojalá estés bien, donde sea que estés. Con tu viejo Nacho, con tu gato Juan, con tus hermanos. Ojalá, ojalá.

Agradezco haberte dicho las cosas que debí decir mucho antes, y seguiré viviendo con la culpa de haber dicho o hecho otras cosas que no debí decir o hacer. Hasta que caiga del todo, brindo en tu nombre.

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El vaso vacío que reflejaba la ausencia. O la explicaba, una de dos.

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Pasos lejanos que adornaban el vacío.
El silbido del viento distraía del abandono.

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“El frío que abriga”, repetía hasta el hartazgo. Nadie escuchaba, a nadie importaba.

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Entre gotas y brisas, esperaba alguna señal..
Entre ruido y silencio, entre todo y nada. Vacío que rodeaba, sonidos distantes, ideas olvidadas. La lucha eterna por querer recordar algo que nunca sucedió. La imaginación, adictiva. La melancolía, cercana.