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Mostrando las entradas de diciembre, 2017

Engaños

Estuvo bueno mientras duró, me miento cada día.

Porque elijo recordar esos mínimos instantes en los que todo parecía estar bien. Incluso aprovechaba esos momentos para imaginar otros tiempos, más extensos. Quizás ya sabía que no podía durar. Que estaba sentado junto a un volcán de malicia, esperando para hacer erupción..

[72]

Qué feo espiar la siesta ajena, esperando que la dicha lo salpique a uno.

[71]

Soñar sueñan los desdichados.
Qué felices los infelices, en su mundo de collages despegados.
La esperanza, inexistente. Falsa su compañía, falso su interés. Mejor solo que mal acompañado, dice el dicho. 
Y elijo no soñar porque es lo que me sirve. Pero falla el engaño, porque sé que hay cosas que no se pueden elegir. De hecho, no hay ninguna. Pero mucho menos, elegir lo que se sueña. Elijo, entonces, no pensar en lo que sueño. Y si es un cúmulo de recuerdos, lo mejor será aplastar la cabeza contra la almohada y desear por una amnesia que no llegará, mientras se aprietan los dientes y los párpados y es todo maldición e insultos al aire. Por qué, por qué, por qué pregunta el alma desdichada, aunque sabe que la respuesta será siempre la misma: porque sí. Porque a algunos no nos queda más que recordar las míseras imágenes de una existencia menos desgraciada que alguna vez conseguimos rozar. O espiar de lejos.