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Mostrando las entradas de noviembre, 2017

[70]

Fin de la noche, pensé. ¿Fin de la noche?, me pregunté. Del otro lado, silencio. No podía quejarme; de mi lado fue casi igual. No dije nada, a propósito. Sabía disfrutar de eso. Del silencio, no de no decir nada. Me preocupaba saber si eso te molestaba. Nunca lo pregunté y definitivamente no era el mejor momento.

De todas las malditas noches...

[69]

En la medianoche perdida de los días desperdiciados*, la hora que pasaba extrañaba a la hora por venir.
Pensando en lo que no dije me distraigo de pensar por qué pensaba lo que no decía. Miedo, se llama. Al rechazo, se sabe. Esas cosas que llegan por la (poca) experiencia que uno pudo juntar, migaja sobre migaja, moneda sobre moneda. Un día dije lo que pensaba, peor, lo que sentía, y no obtuve respuesta. Qué feo que alguien se encoja de hombros frente a la sinceridad indefensa de uno. Qué feo recordarlo. Por qué pensar lo que uno piensa, por qué decirlo. Es mejor no decir nada. Aunque uno después pase años pensando en ello.



*En qué cabeza cabe que “esfumado” sea sinónimo de “desperdiciado” (pista: en la mía)

[68]

Melodías viejas que acompañan mejor que esos raros silencios nuevos.

[67]

Tinta corrida, papeles manchados. Ideas mal expresadas en mesas con vista a la vereda. Afuera, el cielo se ennegrece y adentro, en donde uno no quiere estar, también. Adentro y afuera, el mismo elemento.