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Mostrando las entradas de agosto, 2016

Apagado

Es una de esas noches en las que todo se siente desaparecer, paulatinamente. La metáfora justa –como si alguien la hubiera planeado– se dio con la luz, que lentamente se va atenuando. Sospecho que terminaré la noche a oscuras, o al menos a la luz del velador. Pero recién lo pensaba: si hubiera querido hacerlo por mi cuenta, no me hubiera salido. Soy pésimo para las metáforas.

Y esta noche es así: todo se desvanece. Si tengo suerte, me dormiré antes de desaparecer. En este caso, la “suerte” tiene que ver con evitar hacer lo único que podría ayudarme. Aunque la suerte, mala al fin, sería no hacerlo. Y despertar. Y ver cómo todo sigue igual.

Fantasías

Pensaba en los retazos perdidos. Esos pequeños trozos de verdades a medio imaginar, a medio pensar. Pero que se sentían bien. Se sentían bien y cercanas. No llegaba a tocarlas pero las sentía ahí, al alcance de los dedos. Como todo lo que siempre, o mejor dicho nunca, tuve. Al alcance. Pero lejos. Cerca, pero inalcanzable.

Enero, sentados en el piso, tarde soleada

Había una verdad a medio decir, una verdad que se resistía a ser develada. Nuestras miradas no se encontraban, aunque yo lo deseara. La alfombra gris, los trocitos de papel, las carpetas encimadas, todo rodeado por nuestro silencio.

Cómo puedo recordar así esta imagen, aún hoy, tantos años después.