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Mostrando las entradas de marzo, 2016

[72]

Qué feo espiar la siesta ajena, esperando que la dicha lo salpique a uno.

[71]

Soñar sueñan los desdichados.
Qué felices los infelices, en su mundo de collages despegados.
La esperanza, inexistente. Falsa su compañía, falso su interés. Mejor solo que mal acompañado, dice el dicho. 
Y elijo no soñar porque es lo que me sirve. Pero falla el engaño, porque sé que hay cosas que no se pueden elegir. De hecho, no hay ninguna. Pero mucho menos, elegir lo que se sueña. Elijo, entonces, no pensar en lo que sueño. Y si es un cúmulo de recuerdos, lo mejor será aplastar la cabeza contra la almohada y desear por una amnesia que no llegará, mientras se aprietan los dientes y los párpados y es todo maldición e insultos al aire. Por qué, por qué, por qué pregunta el alma desdichada, aunque sabe que la respuesta será siempre la misma: porque sí. Porque a algunos no nos queda más que recordar las míseras imágenes de una existencia menos desgraciada que alguna vez conseguimos rozar. O espiar de lejos.

[70]

Fin de la noche, pensé. ¿Fin de la noche?, me pregunté. Del otro lado, silencio. No podía quejarme; de mi lado fue casi igual. No dije nada, a propósito. Sabía disfrutar de eso. Del silencio, no de no decir nada. Me preocupaba saber si eso te molestaba. Nunca lo pregunté y definitivamente no era el mejor momento.

De todas las malditas noches...

[69]

En la medianoche perdida de los días desperdiciados*, la hora que pasaba extrañaba a la hora por venir.
Pensando en lo que no dije me distraigo de pensar por qué pensaba lo que no decía. Miedo, se llama. Al rechazo, se sabe. Esas cosas que llegan por la (poca) experiencia que uno pudo juntar, migaja sobre migaja, moneda sobre moneda. Un día dije lo que pensaba, peor, lo que sentía, y no obtuve respuesta. Qué feo que alguien se encoja de hombros frente a la sinceridad indefensa de uno. Qué feo recordarlo. Por qué pensar lo que uno piensa, por qué decirlo. Es mejor no decir nada. Aunque uno después pase años pensando en ello.



*En qué cabeza cabe que “esfumado” sea sinónimo de “desperdiciado” (pista: en la mía)

[67]

Tinta corrida, papeles manchados. Ideas mal expresadas en mesas con vista a la vereda. Afuera, el cielo se ennegrece y adentro, en donde uno no quiere estar, también. Adentro y afuera, el mismo elemento.

[66]

Buscando puntos negros en el cielo..

Faros apagados en la inmensidad de la noche.

Tantos pasos que repiquetean en los pasillos vacíos..

Tantos dolores que repiquetean en los corazones vacíos..

Buscando puntos negros en el cielo, faros apagados en la inmensidad de la mente.

[65]

Tan tarde y nosotros tan despiertos.
Tan solos, también. Pero para esas cosas no hay horario.
Tan despierto y el resto tan dormido.

[64]

¿Cuántas cosas le dijiste este año a personas que no querían saber nada de vos? Y.. más de un par.

[63]

La insignificancia que representa al todo. La nada que tiñe la existencia.

Obviamente

Recuerdo que se terminaba el 2015 y pensaba cómo no conté las cosas que me pasaron este año. Y es que no me pasó nada.

Nadería

Me iba a dormir pero se me fue el sueño. Tantas cosas que iba a hacer pero se me fueron.

[62]

Estaba bien volver a ciertos lugares, caminar ciertas cuadras que lucen iguales pero diferentes a la memoria de los sentidos. En el aire se respiran sensaciones nuevas. En el aire se desvanece el rencor.

[61]

Pienso en un número y me asombra el quince. Luego recuerdo los diez. Un siete viene a la memoria. Todos números que apuntan una pena. Coordenadas de una decepción, digo, de manera pretenciosa. Los números dejan lugar a las letras y los símbolos: una 'S', un asterisco. Penas y olvido en todas las imágenes. También los sonidos. Recuerdo una mirada. Extraño esa mirada. Recuerdo una espalda, un cuello, cabellos atados. Recuerdo todo y nada a la vez; quisiera tener memoria fotográfica. No, quisiera tener mejor sentido común. Mejor raciocinio, mejor reflexión, menos estupidez. Mejor yo. Otro yo. Quisiera querer menos cosas que no puedo ser.