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Mostrando las entradas de enero, 2014

En resumen..

No sólo es patético escribir estas tonterías, basadas en los pobres recuerdos de una vida pequeña colmada de nimiedades, sino que también lo es dejar detalles tan específicos, tan fáciles de rastrear a su lugar de origen. Este ridículo blog no colabora con la privacidad, precisamente. Ni con la privacidad ni con el buen gusto ni el sentido común ni nada de eso, además de fallar a la hora de presentar una firme defensa de los inútiles que despiertan cada día sólo porque no han muerto durante el sueño.

Fondo de la Legua (2)

Cada vez que salgo y entro de Buenos Aires, miro esos edificios y están iguales, o al menos a mí me parece que están iguales, y los miro hasta que se pierden de vista y me recuesto de nuevo en el asiento y me pongo a pensar, pensar y recordar, y los edificios y los autos y las rejas y vos y yo.

Qué triste recordar esto una y otra vez. Qué triste recordar y hacer las mismas preguntas, ¿se gastan los recuerdos? Ojalá que no. Pero quizás sí. Y yo los estoy gastando así, de una manera tan superficial como conveniente. Mejor concentrarse en las buenas imágenes, las buenas postales, los buenos instantes, me engaño. Mejor sería no recordar. Mejor sería no tener que recordar.

Mejor sería tener una vida en serio.

Reminiscencia sin sentido

Claro, pienso, me acuerdo porque quiero. Me acuerdo aunque sé que no terminaré bien. Pero recuerdo porque es lo único que tengo. Recuerdo porque es lo que me hace seguir. O, al menos, eso creo. No sólo recuerdo, también miento. Mentir, recordar. La vida es un engaño. Pero recuerdo. Y aquella vez, dónde estabas, ya sé, en lo tuyo. De fondo sonaba este tema, que escucho ahora, y la emoción, la voz, los sentimientos, las palabras. Qué lindo aquello. Hermoso, diría. Instantes después, apareciste, hablamos, coincidimos. Qué lindo momento, aquel. Qué feo momento, el que sigue. Recordar no ayuda. ¿Pero qué más se puede hacer?

Año nuevo, recuentos, etc

Empezó el año y no hice uno de esos clásicos “balances” acerca del año que terminó. Es que, claro, en el fondo no creo que este año sea muy diferente. De hecho, por alguna razón, creo que este año será como otros, más recientes, pero no precisamente los últimos. ¿Se entiende? Me veo volviendo a ciertos lugares. No necesariamente oscuros, como los que comentaba en la entrada anterior. Quizás no se trate de volver a lugares geográficos, sino meramente anímicos. Quizás no sepa de qué estoy hablando. Aquellos años, más recientes pero no precisamente los últimos, eran también iguales a los que los siguieron. Sin embargo, en mi recuerdo fugaz, parecieran haber sido mejores. O menos peores, al menos. Cosas que piensa uno cuando no queda más que pensar y aún falta mucho para que llegue el nuevo día.

Mi lugar

Es raro encontrar confort en ciertos rincones oscuros. Nunca me doy cuenta que estoy en ellos hasta que pasó cierto tiempo. Entonces me sorprendo pero no me retiro ni muevo, aunque sea unos pocos centímetros. Es raro, insisto, encontrar confort en ciertos rincones oscuros. Quizás quiera aprender algo abrazando esa oscuridad. Quizás sólo me haya dado que ése es mi lugar.

Círculos

Y, sin embargo (que era cómo quería comenzar la entrada anterior), no me queda más que volver a lo mismo. Siempre. Porque es el mismo lugar. Siempre. El mismo origen, el mismo fin. Como si caminara en círculos todo el tiempo. Que es lo más probable, cómo no. Volver al punto de partida porque es la única forma que se puede terminar. Qué cosas..

Nada útil

Antes de empezar, siempre me pregunto si iré a repetir, una vez más, los mismos comienzos de siempre. Es que sólo tengo un par de “inicios” pensados, lamentablemente. Y siempre los vuelvo a usar. Qué lata para quien tuviera la mala suerte de terminar en este blog..

Agitación efímera

Pensando en no sé qué, cierto rostro dijo presente. El rostro se convirtió en figura y mi inquietud en agitación. Recordaba que siempre me interesaba aquella figura cuyas dos o tres palabras me habían impresionado alguna vez. Quizás con la guardia baja, quizás con la necesidad elevada, las dos o tres palabras recordaban una sensación y esa sensación recordaba la curiosidad, la fantasía y unos segundos después, era todo ilusión, alucinación, imaginación. Pensaba cómo dos o tres palabras podían convertirse en una imagen completa y cómo esa imagen completa podía hacer que mi pulso se acelerara y el sudor corriera y la piel se volviera brillante y escurridiza. Pero aquello duraba muy poco. Todo, reconocía al fin, duraba muy poco. Una vez recuperado, secándome el sudor de la frente, recordaba el por qué de ciertas cosas pero rápidamente me olvidaba de todo el asunto. Para qué, trataba de convencerme, pensar en ciertos rostros, que sólo llaman a la desdicha.

Contaminar

Lo peor, creo, es la bastardización de ciertos recuerdos. Su mal aprovechamiento, quiero decir. Aunque quizás no sepa qué quiero decir. A veces una imagen difusa se aclara y resulta que es un buen recuerdo, de un lugar o fecha desconocidos u olvidados, pero esa buena generosidad del inconsciente se convierte en maldad, o algo parecido a la maldad, quizás una perversidad, en la que termino lamentando la ausencia de aquello que fue bueno. O que supuse bueno. Lo malo que llama a lo bueno que termina contaminándose y siendo malo. Qué horrible recordar. Qué horrible arruinar los buenos recuerdos.. por efímeros que sean.

Chispazos

Por qué, me pregunto, intento recuerdo ciertas cosas en ciertos momentos. Nunca he estado al borde de ningún abismo ni en la vecindad de objetos afilados. Sin embargo, esas pequeñas chispas de recuerdo aparecen. ¿Solas? A veces lo dudo. Pero generalmente no me importa. Seguro, se sienten bien por un instante. Pero después, al final, sólo refuerzan al malestar.

Palabras sueltas

Eran -y son- muchas palabras sueltas que nunca encontraron su lugar. Pasaron los años y esas palabras se encontraron, sin saberlo, encerradas en un lugar oscuro. Quizás un día, alguien las reuniría y trataría de formar una idea. Una idea o una sensación o un verso o lo que fuera. Las palabras no querían perderse en la oscuridad.. aunque sabían que, quizás, no quedaba más remedio.

Ideas (2)

Esas ideas pequeñas, a veces recuerdos, a veces simples ocurrencias, vienen a llenar la mente por unos instantes. A veces, sirven para mejor el día. A veces, son un pequeño llamado de atención. La mente se preocupa, supongo, por lo que uno pudiera llegar a hacer. Hasta que recuerda que ya no queda voluntad. Ni siquiera para intentar preocuparse.

Ideas

A veces surgen ideas pequeñas, salidas de quién sabe dónde, que produce un pequeño chisporroteo en la opacidad de las horas. No sé de dónde surgen ni intento averiguarlo, temeroso de cohibir su existencia y quedarme para siempre perpetuado en esta oscuridad.

Cansancio

No quiero hablar de mí pero siempre termino haciéndolo. La charla es aburrida y cualquier alternativa posible también lo es. Hace unos años, quizás, tenía la voluntad o las ganas de inventar algo, lo que fuera, con tal de llenar el silencio. Ahora ya no. No recuerdo cuándo pasó pero un día me cansé. No sólo de intentar narrar cualquier cosa, sino también de todo lo demás.

Sinónimos

La búsqueda de sinónimos formaba parte de su rutina diaria. Cuando uno experimenta lo mismo todos los días, es difícil no repetirse en las definiciones o ponerse nervioso a la hora de intentar explicar lo que fuera. Pero es que los días eran todos iguales.. y no parecía que fueran a cambiar.