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Mostrando las entradas de junio, 2013

Invierno (2)

El invierno llegó. No se ve el cielo pero, si se viera, seguramente sería gris. Negro, tal vez. La noche llena los días. La noche llena la vida.

Otoño

Allá arriba, muy por encima de nuestras cabezas, el viento arrulla las hojas y este otoño que dice adiós..

Movimientos e ideas

Baldosas flojas que no parecen querer que uno las pise. Pensamientos de un día cualquiera, yendo a ninguna parte. Primero serán las baldosas, después quizás el viento, más tarde los toldos o las hojas caídas. Distracciones de un día cualquiera, volviendo de ninguna parte.

Viento hablador

Y ahora resulta que la noche dura más. El frío que, sin embargo, hace compañía. El silencio de la ciudad vacía, un día como cualquier otro. Algunos vehículos pasan, también algunas personas. Sus sombras quedan, observando las veredas, los edificios, las nubes en lo alto. Las sombras quieren recordar los lugares por los que han vagado, aunque sus recuerdos se vayan con el viento, como las hojas secas de este otoño plomizo.

Voces desparramadas (2)

A lo lejos se escuchan voces; conversan, discuten, cuentan algún secreto por lo bajo. A veces ríen, otras veces lloran. Es bueno saber que alguien allá afuera vive algo. Padecer, sufrir, experimentar, vivir. No todos podemos hacerlo.

Baldosas (2)

Lento caminar en veredas rotas, húmedas y extrañas, que sin embargo parecen componerse cuando uno las transita. Pequeñas treguas de la ciudad maldita, pequeños favores del entorno hostil que, sin embargo, es de lo más amistoso que se puede encontrar.

Teclas

Cómo salir del silencio, aunque ese silencio no sea nunca absoluto. Cómo salir, cómo escapar, cómo saber siquiera si uno quiere en realidad salir o escapar. A lo lejos, quizás en mi imaginación, se escuchan las suaves notas de una melodía de ensueño. Un piano, un piano lejano, me llama. Intenta ayudarme. Piano, viejo amigo, que has venido a guarecerme. El silencio se quiebra pero no es una rotura dolorosa; el silencio sabe que, aunque no quiera, me agobia, me asfixia, acaba conmigo. Las notas llegan y me abrazan y de repente la oscuridad retrocede un poco. Melodías que liberan.

Huellas

Cómo cuesta volver, pensó con los ojos nublados. Cómo cuesta animarse, aunque sea a asomar los dedos. Es que en algunos lugares, pensó, quedan huellas. Huellas de hechos dolorosos. Fantasmas del pasado que se rehúsan a dejar su lugar, convencidos de que su único propósito es el de agitar las memorias, inquietar los recuerdos y perturbar la falsa calma con la que llenamos nuestros días. Qué barbaridad —intentó tranquilizarse—, pensar con palabras tan grandes cuando las cosas que hay que enfrentar son tan pequeñas. Primero un paso, luego otro, y quizás se puedan volver a desandar los mismos caminos. De alguna forma hay que volver, pensó. Y se quedó para siempre en el mismo lugar.

Última hora

Era un día como tantos otros, en los que no recordaba qué había hecho. Sabía que algo había tenido que hacer porque se sentía como si hubiera sido una larga jornada. Pero no recordaba haber hecho nada. Se levantó temprano, se bañó, desayunó (quizás), salió, volvió, cocinó.. y se encontró en el único lugar en el que había recordado estar alguna vez. En el borde de la cama, cansado, con la vista en el piso y el oído distraído, tratando de descifrar los sonidos lejanos que entraban por la ventana. Qué vida, pensó.

Cerró los ojos y no los abrió nunca más.

Caminos (2)

El camino no cambia nunca, pero sí quienes lo transitan. Este camino, por ejemplo, no recuerdo bien adónde me lleva, pero lo ando y desando casi todos los días. Reconozco las baldosas, las texturas, las líneas, las manchas. Sin embargo, no sé dónde me lleva. No sé si alguna vez he llegado a destino, o simplemente vuelvo una y otra vez. Caminar, caminar y caminar, sólo para no llegar a ninguna parte.