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Mostrando las entradas de mayo, 2013

Reincidencia (explicada)

Anoche hablaba de recuerdos, momentos y estados de ánimo; debería aclarar que no se trataba de recordar momentos específicos, historias bonitas y anécdotas felices. Se trataba de recordar el lugar donde está uno y, finalmente, lo que uno es. Recordar nunca es una actividad estimulante; porque pasaron muchas cosas feas, porque –quizás– pasaron algunas lindas, pero, de todas maneras, ya pasaron. Han quedado allá, lejos, y algunos detalles se han perdido. Recordar, insisto, nunca es una actividad estimulante. Pero recordar y darse cuenta a la vez..

Anoche me sentía bien, sin saber por qué. Pero cuando me siento bien –a veces pasa– no me detengo a analizar los por qué; simplemente trato de pasar el rato lo mejor posible. Así estaba, anoche, y decidí pasar por algunos lugares especiales, buscando otro tipo de distracción. No sé, quizás la mente espera por cualquier mínimo detalle para activar lo que sea que active y cambiar nuestro ánimo, quizás sea el inconsciente o algo más, no creo que …

Reincidencia

Me río porque no recuerdo cómo empezó, pero evidentemente lo hizo. Estaba, como todas las noches, tratando de juntar algunas ideas sueltas y tratando de llegar a alguna parte, cualquiera, sólo me importaba llegar. Pero vi una palabra. Debo haber visto una palabra. No hace falta más que una. Una que llame a las demás. Y luego las palabras llamarán a los recuerdos. Y ahí se complica todo. Pero no recuerdo cómo comenzó aquello. Sólo sé que lo hizo. Y aquí estoy ahora. En el fondo mismo de las cosas. Lugar al que tantas veces he llegado, sin querer y sin esforzarme demasiado. Pero caigo. Y luego, la lucha. Tratar de salir. ¿Quiero salir? A veces el fondo de las cosas parece un lugar seguro. He pasada tanto tiempo aquí abajo.. ¿Quiero salir? Ya no sé ni las cosas que sospechaba saber.

Los otros

Los veo, los veo caminar, los veo caminar cada día. Siguen, giran y van, a ninguna parte, a cualquier lugar. Van porque tienen donde ir, o quizás no, pero nada los detiene. Yo simplemente los veo, porque verlos es lo único que puedo hacer. Siguen, vienen y van, llenos de vida. Siguen, vienen y van, llenos de todo lo que no tengo.

Una tarde de mayo cualquiera

Sólo miraba. No pensaba ni buscaba pensar; miraba, apenas. La cabeza apoyada en la silla, quizás de manera incómoda, pero así estaba. Con la vista clavada en el piso. Las líneas de la madera vieja, las líneas del pensamiento, quizás, alguna que otra idea revoloteando por aquí y allá, perdida, inhallable, indiferente. Pero no. Es todo silencio. Y pesar.