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Mostrando las entradas de octubre, 2012

“El clima que acompaña..”

La lluvia, las gotas que golpean la lona verde, el viento que mueve la cortina improvisada, ese mínimo sonido que interrumpe el silencio que gobierna el momento, que llena la vida. La lluvia, compañía tan leal como inesperada. Tan leal como la soledad. Y el silencio. Y la melancolía. Y lo mismo de siempre.

Todo.

Nada.

Palabras

Buscar palabras para expresarse solía ser fácil; las palabras estaban ahí, listas para ser tomadas y ordenadas y ayudaban a construir algo parecido a una idea. Con la ayuda de las palabras pasó los tiempos difíciles, pero ahora ni siquiera ellas estaban.

Recuerdos, recuerdos, recuerdos

Y así, puede cambiar todo. Y cambia. Un día normal, o al menos remotamente parecido a algo normal, puede cambiar. Siempre cambia. Y siempre vuelven. Los recuerdos. De ellos hablo.

¿Por qué volverán?

La memoria dispone

Los recuerdos son así; uno no los elige. Ellos aparecen. Cuando quieren. Y se aparecen y entran aunque no les de permiso y se sientan y empiezan a hablar, a poblar la mente de imágenes olvidadas, de momentos que uno creía perdidos pero sin embargo ahí están, o quizás es todo una gran mentira, como todo es una gran mentira, al final de cuentas. Pero ellos insisten, los recuerdos. Insisten, confiados, porque saben que sin ellos, no seríamos lo que somos. Y entonces se quedan, y hacen lo que quieren, y al final de cuenta, dominan nuestra existencia. De principio a fin.

Veredas

Silencio, pasos, agua, gotas, más silencios, más pasos, el viento, algo parecido a un sonido, a la distancia, quizás. No reconozco el lugar, no sé la hora, estoy perdido. Pero perdido me encuentro. Quisiera que fuera así, siempre, que fuera posible rescatarme a mí mismo, de esta nada que parece rellenar cada esquina, cada rincón, cada centímetro posible.

No sé dónde estoy pero es mejor que los lugares en los que sí sé. O, al menos, eso creo. Odio no saber nada. Odio saber que no sé nada..

Errores repetidos

Es una mentira, es inútil y es.. es todo lo malo que se te pueda ocurrir. ¿Para qué volver a los lugares de siempre, si sabés que no vas a encontrar nada? Naturaleza humana, diría alguien. Pero volvemos. Vuelvo.

Y vuelvo porque es lo que tengo. Lugares. Lugares que llaman a recuerdos. Recuerdos que llaman a sensaciones. Y así..

Es todo una gran mentira. Es un vicio. Es la degeneración misma de la existencia. Y otras cosas, con nombres igualmente pretenciosos.

Es lo que tengo. Es lo único que tengo. Volver, volver para recordar, recordar para sentir, sentir para olvidar, olvidar, olvidar para volver, y así, hasta el infinito..

Lluvia de domingo

El viento que habla, el viento que acompaña, el viento después de la tormenta, después de la lluvia que hizo de compañía y sonido de fondo de una tarde extraña en la que las ideas se mezclaron con la imaginación y los sueños y los anhelos y las visiones y todas esas cosas de las que apenas conservo algún recuerdo. Pero el día terminó como empezó, de una manera extraña pero agradable. Quizás por eso sea extraña; por ser agradable.. por ser amena y por regalarme algo parecido a una sonrisa..

Esperando el amanecer

Sentado en un rincón, espero por la luz del nuevo día. Sé que suena extraño, estar sentado en un rincón. Sentado en este piso duro, ingrato, de maderas viejas, de más de cuarenta años. Pero aquí estoy, apoyado contra la pared y la puerta, con esas raras trabas de antaño, clavadas en la espalda. También las bisagras, que molestan pero menos. Aquí estoy, acurrucado, abrazando mis rodillas, esperando que las horas pasen, que no falta tanto. Llegará la luz, llegará el nuevo día, y quizás también algo de razón. Ahora mismo, me alejo lo más que puedo de lo que puede hacerme daño. Aunque sean cosas de las que sólo me doy cuenta en momentos así, estos momentos en los que no siento nada. Llegará, llegará el nuevo día.. y la piel seguirá intacta. Quizás, quizás..

Sabiduría encontrada

Al final de las horas, que fueron varias —o, por lo menos, así se sintieron—, estaba en el mismo lugar de siempre. Al menos eso parecía. La verdad, ya ni sabía. Estaba en un lugar, sentado en el rincón, puede que alguna suave melodía sonara de fondo, puede que alguien detrás de estas paredes hablara fuerte, puede que el mundo siguiera andando. Delante mío, una botella vacía pero marcas húmedas de varias más. La noche parecía terminar pero no me importaba. Yo llamaba ese momento el “final de las horas” pero era comienzo de la razón, el comienzo del entendimiento, la hora de la lucidez. Como todas las cosas, llega tarde.

Pero esta vez, por ser hoy, por ser hoy un día cualquiera, me dedicaré a disfrutar. O sufrir menos, para ser más exacto.

Madrugada de sábado

Son las 3 de la mañana, llueve y no puedo dormir. Si fuera otra persona, saldría a caminar, sin pensar y sin que importe nada. Caminar y caminar, por el hecho de caminar, o porque no me pueda quedar donde estoy, o lo que fuera. Caminar, de noche, bajo la lluvia. Y, si se puede, terminar en un bar. Eso sería mejor. Eso estaría bien.