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Mostrando las entradas de agosto, 2012

Cortes de realidad

A veces siento que sólo el calor puede salvarme. El calor de la piel, la herida fresca que me recuerda que mi corazón late, que a mi alma quizás algo de vida le quede. Entonces recuerdo que la noche apenas comienza...Y me pregunto si veré la luz de un nuevo día..

¿Cuánto decir..?

Nunca sé cuánto decir.

Si digo mucho, la gente me “entiende” y me tiene paciencia.

Si digo poco, la gente se cansa rápido y se va..

Pero si digo mucho, la mirada es diferente. Aquello de entender, con comillas, no es lo que busco. No quiero que me entiendan; quiero que me acepten. Y aceptar por lo que uno es, no es posible...a menos que me conozcan. Pero sólo puede conocerme quien me ve, quien me escucha, quien realmente sabe lo que soy. Y para eso...para eso hace falta decir mucho.

Y si digo mucho, la gente me “entiende” y me tiene paciencia pero no me acepta por lo que soy...sino por lo que podría ser, si no fuera quien soy.

“La nada es todo...”

Abrir los ojos
Abrir los ojos y llorar
Llorar y alimentarse
Ponerse de pie, si hay voluntad
Ponerse de pie y caminar
Caminar hacia ninguna parte

Nos mentimos, creyendo que podemos llegar
Que podemos llegar a algo, a algún lugar
Pero aquello es nada y esto es nadaY todo es nada
Y la nada es todo

Abrir los ojos
sólo para llorar
Llorar y hablar y no decir nada
aunque muchas palabras suenen..

Tarde o temprano,
el silencio llegará
y será la hora de entenderque el silencio y la oscuridad
son lo único que importa

La vida no es nada
Nunca lo fue y nunca lo será
Hoy es igual que ayer y mañana será lo mismo
Lo mismo de siempre..
La misma nada..

Inexistencia

Cuántas cosas he dicho, mitad en broma, mitad en serio, y se han ido cumpliendo. En la fecha y en la hora, hasta el último detalle. Me preocupa, me quita el sueño, me aterra. Por un lado, pienso y me tranquilizo, sé cuando terminará todo. Por el otro lado, me doy cuenta de las cosas que he vivido, y de las que no, que son muchas más, y me pregunto.. ¿Quedará tiempo?

Cuántas veces mentí y dije en voz alta que me resignaba, cuando, en el fondo, aspiraba a un instante más de ilusión, de falsa esperanza, de vida. Cuentas perdidas, momentos perdidos, una vida perdida. Y nadie que se dé cuenta o que le importe.

¿Para qué insistir?

Hacer lo que hice siempre, está visto que no sirve. Hacer lo contrario, pues.. tampoco funciona. ¿Qué hay que hacer? ¿Puedo alcanzar algo, de alguna manera? ¿Es todo una gran trampa? Creo que, al final de cuentas, no importan los métodos ni cuántas veces intente. El problema soy yo, no lo que hago. Yo, no lo que tenga para decir. Yo y nadie más que yo..

Cuántas veces me prometí dejar de intentar.. Como con tantas otras cosas, ya perdí la cuenta. Hace demasiado tiempo. Pero no puedo dejar de intentar. Las piedras se ven diferentes, todas ellas. Pero sólo consigo tropezar con ellas.

Lo que me define

¿Cómo lograr ese sentimiento? ¿Cómo lograr que alguien más sienta algo parecido a lo que uno siente? O sintió, porque algún tiempo ha transcurrido. Pero lo que uno creía olvidado, puede que siga ahí, dormido. Es lo que uno quiere, es lo que uno desea: sentir como se sintió alguna vez. Aunque la otra persona no sienta lo mismo, ni nunca llegue a hacerlo. ¿Por qué desearía alguien volver a ese estado? Volver a esos momentos en los que un tímido afecto deseaba con todas sus fuerzas ser algo más, y ser advertido y tomado en cuenta y hasta correspondido, como rezan la costumbre y los clichés. Si nada pareciera volver a ser como antes, si nada pareciera ser algo más, ¿para qué insistir?

Porque está en mí ese insistir. Porque insistir es persistir, y persistir es seguir viviendo. Porque si no soñara, no sería yo. Y si no fuera yo, ¿para qué existir?

Lo de siempre

No sé cuántas palabras he escrito sobre la soledad. Cuántas palabras he pensado, escrito, borrado y vuelto a escribir. Y a pensar. Pensar y vivir y sentir la soledad, que al final de cuentas, es lo único que llena mis días. Ni el aire ni la respiración ni el latir del corazón; la soledad. Tan abrasadora y lacerante como el primer día. Ella está, ella siempre está. La más fiel de mis compañías. ¿Y qué dice eso de mí?

Anécdota vacía

A ver, dije. Me senté, ordené un poco los papeles, busqué un lápiz que me resultara cómodo y me dispuse a empezar. Pero nada salía, ni una idea. Pensé que podría ser el papel, después de todo era viejo y arrugado. Busqué unos más nuevos. Pero nada, las ideas no parecían querer vivir en aquellos viejos papeles tampoco. Quizás sea este viejo lápiz, pensé. Lo tiré y busqué otros, pero eran igual de viejos. ¡Qué porquería!, dije, y salir a comprar unos nuevos. También compré un cuaderno. Lo mejor que pude encontrar. Ahora sí, traté de convencerme, las ideas saldrán solas. Abrí el cuaderno nuevo y acaricié suavemente las hojas, de increíble textura. El lápiz se sentía bien, la luz era la correcta y la música de fondo, lo suficientemente bonita como para acompañar y no distraer. Ahora sí, ahora tendría que poder escribir algo que valiera la pena.

Pero las ideas seguían sin aparecer.

Tanta molestia, tanto ir aquí y allá a buscar cosas, pensando que no servían como destino de mis ideas.. y habí…

Sobre amistades descuidadas

Imaginate una larga charla, en la que habríamos de ponernos al día luego de meses. Años, quizás. Yo la imaginé, y te decía cosas que siempre quise decirte, pero nunca era el momento. Porque no era el día, porque no era el momento ni el ánimo, o simplemente porque era yo. El mismo de siempre. Pero imaginala. Imaginá que digo muchas cosas que suenan a reproches, pero no lo son, porque en el fondo quiero que te des cuenta de las cosas. Y no dejo que me interrumpas, pero lo hago de buena manera, apretando suavemente tu brazo. Y vos entendés, entendés que es el momento de dejarme hablar porque quizás son cosas que me guardé durante mucho tiempo. Y así, me desahogo. Y te digo mis verdades. Que probablemente sean erradas, pero son mías.

Al final, quizás, me conozcas por fin como me deberías conocer. Y la realidad será otra.

Vueltas absurdas

Es una de esas noches en las que, aunque parezca increíble, tengo mucho para decir. Tanto para decir, y nadie que me escuche. Se me ocurre golpear puertas al azar, y decir lo que sea, a quien sea que abra. Porque quienes me pueden escuchar son las mismas personas que han logrado que tenga algo para decir. Y, sin embargo, tan lejos están que no me podrían escuchar. Algún día, algún día no importarán las distancias. Ni las distancias ni los silencios ni las paredes. Nada importará, más que lo que tiene que importar en realidad. Un día, quizás un día por fin, sólo importe lo que sentimos.

Vicios

Cada segundo a tu lado es una lucha. Una lucha por disfrutar del presente y no lamentarse por el tiempo perdido.

Una mentira que ha durado años

Esas mentiras que digo en voz alta, que repito una y otra vez, y sin embargo nunca termino de creer. Es que ya ni fuerza hago, para qué perder el tiempo, si las mentiras son las mismas pero la vida es otra. La existencia, los días, como lo quieras llamar. Las mentiras, de tan repetidas, han perdido el sentido (si es que alguna vez lo tuvieron). Pero yo insisto, porque es lo único que sé hacer. Y vivo de las mentiras, como vivo de las falsas ilusiones o las falsas esperanzas. El día que un poco de verdad llegue a mis días, quién sabe cómo reaccionaré. Si es que reacciono de algún modo. Quizás ni siquiera esté por estos lugares.. Cómo saber, cómo saber cuánto tiempo he perdido.

Atemporal

Miro el reloj, una y otra vez. Tengo que hacerlo, porque no termino de entender. Primero el reloj, después la fecha. ¿Avanza el tiempo? ¿Pasan los días? Es como si siempre fuera el mismo momento. La misma hora, el mismo día. El mismo todo, la misma nada. Los días pasan, pero no parece que pasaran. Cuando todo es tan igual, cuando todo se siente tan dolorosamente igual, no se puede estar seguro de que esté transcurriendo el tiempo. Quizás no lo haga, quizás ya se haya detenido.

Lucidez, siempre tardía

Ya ni siquiera se trata de llegar a mañana. Sobrevivir el hoy, ésa es la cuestión. Duele volver atrás, pero duele más saber que no queda otra opción. Como un juego perverso en el que sólo se retroceden casilleros, así es la vida que llevo.

Tarde de invierno

Era una de esas imágenes vívidas, tan reales que se podían sentir las texturas. Las texturas y las superficies y la piel. También los aromas, aunque casi imperceptibles. Y también el tibio abrazo de los rayos de sol, tímidos en estos días grises pero de todas maneras presentes, aunque más no sea de a ratos. Era todo tan real que nadie se detuvo a pensar que no lo era. Era todo tan real que sólo me limité a disfrutar.

No puedo ahora recordar el lugar, ni siquiera si fue uno solo o varios a la vez. Quizás caminamos por toda la ciudad pero aún así no recuerdo nada. Sólo recuerdo tu compañía, tus gestos, tu tacto y casi nada más. Eras real y era todo lo que importaba. Pero quisiera poder recordar más. Quisiera poder decir que te reconocería si te viera otra vez, quisiera creer que esto se puede repetir. Quisiera querer poder recordar, pero recuerdo entonces que todo se olvida demasiado rápido. Mientras escribo, olvido tus palabras, olvido el color de tus ojos, olvido cómo se veía tu sonris…

“...es mala consejera”

Una de esas noches en la que la soledad quema. Calor furioso en pleno invierno.

Pero me voy por otros caminos. Y me imagino hablando con alguien. Le hablo de vos, le muestro tu foto. Siento con mis dedos el frío límite entre realidad y ficción, entre realidad y sueño. Sueño o imaginación. Imaginación o deseo.

Con mis dedos siento algo que nunca sentí. Y me doy cuenta de que te extraño. Me doy cuenta de cosas que siempre supe, aunque las hiciera a un lado. Te extraño y quisiera volver el tiempo atrás. Volver el tiempo atrás y borrar palabras dichas o escritas. En una palabra, quisiera hacer todo lo que no se puede hacer.

Soñar que sueño que estoy soñando. Sentir que siento que te estoy olvidando, cuando me resulta imposible olvidar. Desearía no sentir tanto, pero siento. Lo siento. Te siento. Te recuerdo y me duele. Me duele sentir. Pero siento gracias a vos.

Contradicciones infinitas. La vida es una contradicción.

Error e inocencia

Perdí la cuenta, admití casi en voz baja. Mientras hablábamos de ya no recuerdo qué, recordé lo que intentaba olvidar. Perdí la cuenta, volví a decir. Cuántas veces creí en lo que no era, e ignoré la realidad. ¿Cuántas veces creí y confié en lo que no debía? Perdí la cuenta, admití casi en voz baja. Mientras hablábamos de ya no recuerdo qué, recordé lo que intentaba olvidar..

Imagen

Hola, se me ocurrió decir. Hay alguien ahí, pregunté sin mucha convicción. Golpeé las paredes tan suavemente que ni siquiera yo sentí los golpes. Caminé torpemente en la oscuridad iluminada de ese lugar tan vacío como familiar. ¿Era de día o de noche? No recuerdo nada, en realidad. Es todo tan inútil, ¿para qué seguir intentando? Recuerdo el ambiente iluminado, y sin embargo me muevo como si estuviera a oscuras. Quizás sea una metáfora, o una simple fotografía de mi vida diaria. Moviéndome a plena luz como si estuviera en la oscuridad. Tanto arrastrar los pies para evitar obstáculos, y el camino había resultado estar completamente vacío.