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Mostrando las entradas de marzo, 2012

Lecciones

Fue raro actuar de una manera diferente, pero por alguna razón lo hice. Quizás porque ese lugar en el que estuve es un lugar al que suelo volver. La última vez que sentí algo así, algo parecido a un ligero bienestar basado en cinco minutos de realidad y horas de imaginación y débiles esperanzas, se trataba de un lugar al que nunca había ido. Y, obviamente, no era un lugar al que pudiera volver.

Aquella vez, entonces, decidí dar un paso al costado. Más de uno, en realidad. Ni siquiera me anuncié; sólo desaparecí. Esta vez no hizo falta decir nada, porque pude contener mis ridículas ansiedades. En realidad, apuros. Esos típicos apuros que experimentan los que no viven muchas cosas, muy seguido.

Lo importante, al final de cuentas, es que esta vez no hice lo de siempre. Ojalá sea una lección aprendida.

Distracción

Mientras caminaba de aquí para allá, esperaba. Descubrí que el antes era peor que el durante. Caminé, caminé y caminé. Cuando por me senté, alguien nuevo apareció y, por suerte, comenzó otra charla. Había sido un largo día de largas charlas, por cierto, pero eran los demás los que hablaban. Si yo comentaba algo, enseguida me interrumpían. Pero no importaba; después de todo, estábamos nerviosos. Pero esta persona que apareció, fue ella quien me tuvo que soportar a mí. Al día siguiente recordaba la cantidad de cosas que dije por minuto y pensé pobre, lo que tuvo que aguantar. Pero así nos distrajimos.

Se acercaba el final del día y, en un breve instante de egoísmo, me sentí bien. Y pensé, estuvo bien conocer a alguien nuevo. Estuvo bien poder distraerse así, cuando parecía que los minutos ya no corrían. Estuvo bien creer, aunque haya sido sólo por unas horas.

“me dio mala suerte”

Aquella noche formulé un deseo. Sentado a la mesa, cerré los ojos un momento y pensé mucho. Lo que deseaba era no olvidar nunca, o dejar escapar, de algún modo aquella noche. Ese es uno de los deseos míos que se han realizado. Y me dio mala suerte que resultase así. “Plumas”, Raymond Carver.

Viajes (2)

Doce horas dura el viaje, una travesía entre los estados de ánimo. Del entusiasmo a la melancolía y de vuelta al entusiasmo y una vez más en la melancolía. Siempre es así, y no parece querer cambiar. Doce horas de viaje, doce horas para pensar, doce horas para recordar lo que soy y entender, quizás, por qué todo salió como salió.

Viajes

Me fui y cambiaron las cosas. Muchas, quizás todas. Vuelvo y los edificios se ven distintos, también las calles, y hasta el aire parece distinto. ¿Por qué sigo yo siendo el mismo..?

Diaria

Cada día que pasa es una ilusión perdida.
Cada día que empieza es una ilusión por perder..