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Mostrando las entradas de enero, 2012

Intranquilidad

Estoy bastante complicado con un extraño dolor de espalda que nació como una simple molestia. Pero hoy (ayer) fue un día raro. Caluroso como siempre, con las mismas cosas que se dicen o escuchan o leen o escriben. Un día como casi cualquier otro de este enero sofocante.

De repente, una noticia. Una noticia no muy buena. De hecho, una pésima noticia. Y las dolencias, que al principio eran tímidas molestias, se mezclan con la preocupación y uno no se puede levantar de la silla. Pasé una hora inmóvil en la silla, con la mente en blanco y la vista perdida en la nada. Pasó el tiempo y no sólo me costó horrores levantarme, sino que no me pude dormir. Estoy acá, ahora, buscando una mínima distracción, mientras el medicamento de turno aplaca un poco los dolores físicos pero la preocupación sigue ahí, y se acumula.

La pésima noticia puede empeorar en una semana. O perder la condición de pésima y convertirse en un mal trago, en algo feo que terminó en nada. Como sea, serán días larguísimos, de e…

Colmo

Qué raro tener por fin las palabras justas para decir algo, justo cuando no se tiene nada para decir.

Adónde quedaron esas noches

Las noches han sido las mismas por años. Y tu ánimo también. No cambiaste mucho. No quisiste cambiar o quisiste pero no pudiste, la diferencia no importa mucho. Las cosas siguen igual. Están igual hace mucho tiempo. Quizás en algún momento parecieron cambiar, pero ya sabés, sólo fueron momentos efímeros. Extraños sucesos en la noche que sólo sirvieron para que, por unos instantes, estuvieras del lado de ellos. Ellos. Siempre mirándolos de reojo. Tan perfectos y naturales en su mundo sin sentido. Sin apreciar su lugar. Pero por unos minutos, cada cierto tiempo, compartías su ánimo. Compartías su lugar, aunque ellos ni se dieran cuenta.

Pero esos momentos terminaban apenas comenzaban. De tan poco que duraban, podrías decir que ni siquiera ocurrían. Y si de hecho ocurrieron, ocurrieron hace mucho tiempo. Hoy no te queda ni el más mínimo resabio.

Cada noche te preguntás, ¿habré imaginado esos momentos?

Y un día de enero...

¿Te conté alguna vez de la chica que tocaba el violín? Sí, de esas cosas que pasan cada.. de esas cosas que me pasan cada muchos años. Pero era verdad. Y como todo lo verdadero, todo lo bueno, todo lo verdaderamente bueno, duró lo que un suspiro. Mejor, diría alguien por allí. Para no hacerse ilusiones extrañas. Pensamientos, ideas infundadas, etcétera.

No recuerdo la fecha. Qué memoria, dioses. ¿Tanto tiempo pasó? Quizás recuerdo la fecha pero evito fijarme mucho para no deprimirme. Esos recuerdos mustios y abandonados a los que hay que limpiar un poco para que vuelvan a estar presentables. ¿Cómo contarte una historia o mostrarte una vieja imagen si está cubierta de polvo o sus colores ya no tienen vida? Pero ya sabés, así son mis historias.

Reuniones sociales de compromiso, pequeñas charlas en lugares que ya no recuerdo, caminatas por ciudades vecinas en las que el horizonte se pierde de noche. Viajes de vuelta de casa con el ánimo mejorado y el espíritu fortalecido, con ganas de ver…

Dedicada a todos esos momentos efímeros

Pasaron unos segundos y le dije, “desde mañana, no sabrás nada más de mí”. Decía la verdad. A partir del día siguiente, volveríamos a ser extraños. Toda suposición y fantasía que pudiera haber existido en algún momento podría quizás persistir en el recuerdo como algo bueno, a confirmar. Pero volveríamos a ser extraños, insistí. No la volvería a contactar, por ningún medio. Por una vez, le dije, quisiera no oír nada acerca de ningún arrepentimiento.