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Mostrando las entradas de noviembre, 2011

Memoria

Insisto con las mismas cosas. No sé por qué pero así me sale. En realidad, mi memoria a veces me falla. Me falla y después se ríe de mí. Se parece a personas que he conocido. Cosas que se asimilan, quizás..

Miedos

Fijate el interés que despierto en algunos, resulta de no creer. Comienza con un saludo, alguna ocurrencia, algún que otro intento de diálogo. Después, indiferencia. Luego, olvido. ¿Tan evidente es mi desinterés? A veces me gustaría preguntarle a las personas cuánto descubrieron de mí luego de unas pocas palabras. Pero luego lo reconsidero y me doy cuenta de que, quizás, no me gustaría oír su respuesta.

“Distintas”

Wes me miró con fijeza. Entonces calculo que tendríamos que ser otras personas, si se diera el caso, dijo Wes. Distintas. Ya no puedo hacer esa clase de suposiciones. Nacimos para ser lo que somos. ¿Entiendes lo que quiero decir?
“La casa de Chef”, Raymond Carver.

Lapsos

Es todo igual. Sigue igual, nunca cambiará. Las cosas, en su lugar de siempre. Las personas, también. Las historias, si se dan, poco difieren de las que vinieron antes. Y no serán muy distintas de las que vengan después. Es todo tan igual.

Si no cambiara la fecha en los relojes, en los calendarios, creería que el tiempo no pasa. O que sí pasa, pero que es un ciclo mínimo, cerrado, que se repite una y otra y otra vez. Quizás así sea.

Ciertamente se siente de esa manera..

Cosas, cambios, cosas que cambian..

Esas cosas que nunca cambian. Nunca cambian las cosas que nunca cambian, son siempre las mismas. Quiero decir, si hiciera una lista, serían las mismas cosas siempre, todo el tiempo, hasta el fin.

Si no cambian las personas, ¿por qué deberían cambiar las cosas?

Experiencia mentirosa

Qué fácil es pretender que se sabe, cuando poco se sabe en realidad. Esa pretendida sabiduría a partir de experiencias vividas, que no son más que un remedo de experiencia. Como si alguien quisiera hablar de un libro a partir del resumen de la contratapa. No puedo hablar de nada. No debería hablar de nada.

Pero lo hago. Porque soy yo. Y vivo para hablar sin saber. O sabiendo apenas la mitad. O menos que eso.

Y, sin embargo, hay tantas cosas de las que sé más que suficiente..

Paradoja

Aún recuerdo las sensaciones. Las sensaciones exactas. Las recuerdo y las podría describir perfectamente y quién sabe cuántas cosas más, pero no lo hago, porque revivirlas así me destruye. Pero recuerdo. Recuerdo y revivo.

Y muero al revivir.

Mesa de bar (2)

Y a la tercera o cuarta vez, algunas imágenes se vuelven más claras. Otras, otras se pierden un poco. Pero hay algunas que algo de claridad ganan. Y se siente bien. Es como si no todo hubiera sido en vano. Es como si algo realmente bueno, en algún momento, en algún lugar, haya sido real.

O al menos así se sienten estas cosas, cuando uno lleva dos o tres horas sentado en un oscuro bar de Congreso..

Mesa de bar

Sólo me doy cuenta del tiempo que ha pasado cuando siento los codos húmedos. El hielo derretido, el frío de la botella que está por terminarse pero todavía no, todavía falta un poquito. Igual, después vendrá otra. Y otra más. Y quizás una más, pero no otra. Porque hay que volver a casa.

Sentirse miserable igual pero cambiando de escenario. Eso tiene algo de..

Tiene algo..

Algo debe tener.

Recorridos

A veces sólo se necesita más o menos luz para que un lugar cambie por completo. Recorrer la misma calle, de tarde o de madrugada, cambia todo. Absolutamente todo. Puede que haya el mismo ruido, quizás no, pero hay otra sensación, otro ánimo en el aire. Se adivinan algunos contentos moderados por aquí y allá, algunas tenues melancolías de ésas que siempre hay, o quizás las detecto más fácilmente porque me resultan más familiares. Pero la ciudad, de noche, es otra. Es mejor. Quizás. No sé.