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Mostrando las entradas de agosto, 2011

Foto

Te veo.

Te veo en una foto que encontré de casualidad. Te veo feliz. Tus ojos, llenos de vida, perdidos en la inmensidad del mar. Sonrío. En alguna esquina perdida de mi corazón, me conforta. Me alegra saber que pudiste encontrar tu lugar. Me alegra saber que pudiste seguir adelante y que nada te detuvo. Pero ese sentimiento.. esa falsa sensación de contento dura apenas segundos. No me conforta. Es más, no me interesa. De repente, los recuerdos. Sí, los recuerdos. Siempre listos para despertarme.

No me importa lo que veo en la foto. Me da igual. Me da igual lo que sientas o digas o vivas por estos días. Te odio. Te odio por sacarme de tu vida a los empujones, sin pensarlo. Sin pensar en nada. Sin pensar en lo que dijiste ni en lo que hiciste. Te odio por sacarme de tu vida. Tan simple como devastador. No importa cuántas veces me repita que te entiendo, no me puedo convencer. Quizás en algún momento creí entender, pero esas cosas se terminan. Esas falsas ilusiones de comprensión. Es todo…

Error

No debí alejarme tan rápido. Debí seguir. Debí mantenerte a mi lado.

Sabés que no sabía realmente dónde estaba, no comprendía mi lugar. Era todo nuevo para mí y esas cosas.. esas cosas te pueden marear. Pero vos y yo, en aquel momento.. ¿por qué tuvo que terminar? ¿por qué tuve que alejarme?

Tus brazos. Tus brazos fueron el lugar más seguro en el que he estado. Quisiera poder volver. Quisiera poder creer que puedo volver. Pero no puedo. Quizás si fuera, quizás si hubiera sido otra persona.. pero no lo soy. Y ahora es tarde. Para muchas cosas. Tarde para todas las cosas. Demasiado tarde.

Lugares perdidos, momentos perdidos.

A veces, hasta los recuerdos se pierden.

Coreografía

Es como si te pudiera ver, aunque nunca pude hacerlo. Te adivino nerviosa, detrás del telón. Nerviosa por salir, no porque no quieras estar sobre el escenario. Es tu lugar y contás los segundos para saltar sobre él.

La oscuridad y el silencio se apoderan del lugar. Un piano comienza a sonar, tímidamente. El telón se corre.

Aparecés y todo se ilumina. Las miradas distraídas están ahora atentas. Ningún detalle, ningún movimiento se le escapa a nadie. Espío brevemente a los demás y me doy cuenta que los hipnotizaste. Los hipnotizaste como hiciste conmigo. Sonrío, disfrutando del momento. Nadie pestañea, siquiera.

Las últimas notas suenan y el número termina. Los aplausos llegan y se mantienen. Cada vez que veo esa sonrisa final, descubro nuevamente lo que significa para vos. No se trata de recibir aplausos ni de gustar ni de entretener ni nada de eso. Se trata de estar en tu mundo. Ese mundo en el que todo se mueve a tu alrededor, y no al revés. Ese mundo en el que sos libre.

Para vos, bajar…

“(...) a ninguna parte”

A veces repaso viejas notas. Siempre termino riéndome de mi ingenuidad. Tanto como a la hora de escribir como a la hora de creer en los demás. Aunque la risa no dura mucho. Enseguida llega la seriedad. Después, las reflexiones forzadas que no me llevan a ningún lugar nuevo. Esa falsa seguridad que dan los razonamientos obvios. Razonamientos y promesas renovadas. Tranquilidad asegurada, al menos por un tiempo. ¿Cuántas veces habré dicho ya no más? Ya perdí la cuenta..