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Mostrando las entradas de junio, 2011

Manos entrelazadas

Si escribiera un libro de ciencia ficción, o algo remotamente relacionado con la fantasía, tal vez no me iría muy bien. Me dirían que mi alcance es muy discreto. Que mi imaginación es limitada. Lo que pasa es que imagino cosas así, pequeñas. Sueños moderados.

Moderados pero concretos. Mismas situaciones, mismos ámbitos. Una misma compañía, también. ¿Sabrás cuánto tiempo paso pensando en vos?

Yo creo que sí.

Es así

Tengo que volver a escribir en el momento que tengo ganas de escribir. Sin importar el lugar ni lo que esté haciendo.

Fábulas caseras

Hace unas semanas hablé con alguien con quien no hablaba hacía mucho tiempo. No recuerdo cómo se dio el contacto. No importa. Hablamos. Y me contó una historia.

Escuché con suma atención, como un chico al que le narran un cuento de hadas. Al final, mis ojos brillaban. Brillaban con una luz de esperanza, rara en mí. Esperanza y entusiasmo.

Supongo que mi reacción podría haber sido diferente. En algún momento, se mezclaron un poco de tristeza con algo de ira. “El protagonista de aquella historia debería haber sido yo”, pensé, fiel a mi egoísmo característico. Pero aquello no duró mucho, por suerte.

Me sentí bien, contento. La historia que me contaron resultaba conocida. He vivido historias similares, y aunque nunca terminaron bien para mí, todo aquello hizo nacer una nueva ilusión. O quizás fortaleció una ilusión ya existente.

A partir de entonces me sentí confiado. Había iniciado un nuevo viaje, con el que espero llegar a lugares conocidos. Con momentos que quisiera revivir,…

Anhelo

Te confieso mi sueño: leerte algo. Un pasaje, un cuento, un libro completo, lo que sea. Quiero estar al lado tuyo y leerte. Que las horas y los días pasen. Y que no nos importe.

Vueltas

Se dieron varias cosas. Hacía días que no pensaba en una persona que, si bien está lejos de mí, la siento cercana en muchas cosas. O al menos a mí me gusta pensar que estoy cerca de ella. Pero estos últimos días tuve la mente en otro lugar, en otras cosas. Los días pasaron como siempre. Con horas ocupadas y horas desperdiciadas. Incomodidad, dolores de espalda y cabeza, buen humor y silencios pronunciados. Algunas palabras escritas aquí y allá, algunos libros hojeados y algunas letras nuevas en la memoria. Melodías encontradas también. De todo un poco, te darñas cuenta.
Pero aquella persona.. Aquella persona estuvo ausente del pensamiento. Aunque, miento, sí estuvo. Cómo no. Alguna imagen cada tanto; su perfil, sus ojos. Esos detalles, de esas personas que siempre están. Vos lo sabés. Me conocés. Pero no era un pensamiento prolongado. No estaba con la mente en eso todo el día (como sí hacía hasta no hace mucho).
Y hoy, hace unos horas, todo volvió. Lentamente. Imágenes, ideas, imaginaci…

Domingos

Siempre son el punto más bajo. ¿Por qué?

Supongo que ahora sólo queda.. lo que sea.

Vacío

Esa soledad que desgarra..
Ya ni el silencio acompaña.

Abriles

La soledad, el cansancio, el desánimo, el rechazo; todos sentimientos conocidos. Pero por primera vez me afecta la edad. Todo lo relacionado con el tiempo golpea más fuerte. Pero hoy no hablo del tiempo perdido, si no de algunas diferencias temporales..

Confesión

Cómo será de triste esta existencia, que hasta las mentiras extraño.

Plan sencillo

La falta de reacción te hace enojar.
Las pocas reacciones que lográs generar, sin embargo, te hacen sentir bien.
¿Solución? Lo más fácil es no tratar de generar nada.
Te perdés lo bueno.. pero te ahorrás el ser ignorado.
Todos felices.
Caso cerrado.

Hablando de reconocer conductas

Ayer hablaba de encuentro de miradas. Hoy, de reconocer gestos. Yo caminaba rápidamente hacia un lugar, para buscar unos papeles, unos trabajos impresos. Ella caminaba en la misma dirección, pero mucho más despacio. Manos en los bolsillos, primero. Luego se acomodó su corto cabello. Aunque primero lo desacomodaba para arreglárselo después, y así un par de veces. Reconozco los gestos, te juro que sí.

Es el andar solitario. Sé que suena tonto, pero esas cosas.. esas cosas a veces se ven. La sonrisa, las maneras, los gestos.. son sinceros, pero cansados. Están teñidos de una melancolía que se puede palpar.

Chequeé por última vez los trabajos, se los entregué y nos despedimos hasta la semana que viene. Bajé las escaleras con una extraña sensación, mezcla de entusiasmo y algo más, menos agradable. Era un entusiasmo tímido, por supuesto. Pero a veces, reconocer en alguien más esos indicios, tan de uno y tan de pocos. Como dije antes, te hace sentir menos solo.

Esquina

Fue una rara sensación. Una esquina de tantas, de vuelta a casa. Semáforo en rojo, espera. Un grupo de personas esperando para cruzar. Todas solas. Me sentí acompañado.

Es esa soledad que resulta familiar. Como quien se entiende con otra persona con apenas mirarse. Así se sintió.

Cosas de los solitarios, seguramente. Pero recordá que alguien así se siente solo aunque esté en un lugar lleno de gente. ¿Por qué, un día cualquiera, en un lugar cualquiera, por unos segundos apenas, cambió todo eso? No sabe, no contesta.