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Mostrando las entradas de mayo, 2011

Cosas que se dicen

Hace muchos años, cuando era pendejo, se dio una situación, una noche. Mi viejo llegaba tarde y cenaba rápido antes de dormir. Una noche, yo estaba con hambre y me enganché. En un momento, mi vieja me recrimina algo, a lo que yo respondí algo que me pareció simple y concreto. Mi viejo se quedó callado. Cuando se terminó la cena, mi vieja me retó y me dijo que hay cosas que no hay que decir, que no hace falta hacer sentir mal a la gente y demás cosas. Obviamente, los detalles no son necesarios.

La cuestión es que yo no entendí nada. Después de todo, era joven así que también era un poco idiota. Muchos años después. Son cosas pequeñas, pequeñísimas quizás, pero te pueden arruinar la noche. Hay que cuidar lo que se dice, las palabras que se eligen. Y las que no se dicen, también.

La mayoría de las culpas que me aquejan son producto de mis años jóvenes. Tanta estupidez dicha sin pensar, tanta actitud de cuarta. Todavía no pedí perdón porque, bueno, sigo siendo un poco tonto. Las relaciones…

¿Esto era el karma?

Este año se dieron algunas.. circunstancias particulares, digamos. Voy a tratar de ser lo menos confuso posible.

Había una persona con un sincero interés por conocerme. Dicho así suena exagerado. Hablo de amistad, nada más (y nada menos). Pero, fiel a mi lado más miserable, no sólo no le dí mucha importancia al asunto, si no que era bastante desagradable con mis ironías y dichos (primero, porque sí; después, forzado por alguien más). Un día se perdió el contacto y adiós. Pasó el tiempo y apareció la culpa. Después de todo, sólo una mitad era miserable.

Ahora me pasa a mí, pero al revés. No es exactamente igual la situación, porque nunca son iguales las situaciones. El concepto es el mismo, digamos. Alguien, en este caso yo, quiere conocer a otra persona. Una vez más siento la necesidad de aclarar que se trata de amistad (aunque a mí no me creen ni los grillos). Pero del otro lado.. esta vez, por suerte, no hay comentarios malintencionados. Pero a veces ni siquiera hay comentarios. Es …

Tiempos perdidos

Tanto enredarse la cabeza, preguntándose el por qué de esto, el por qué de aquello. ¿Por qué no se permiten entender mis intenciones?, me pregunto, con tono doliente y dolorido. No todo es blanco o negro. Y otras elucubraciones igual de vacías, producto de una mente pequeña y cansada.

Para qué buscar motivos complejos cuando todo se trata, tal vez, de un simple desinterés.

Esa (mal)sana costumbre

Es bueno saber que, aunque sea grande, no pierdo la costumbre y sigo haciendo papelones. Pequeños y no tan públicos, aparentemente. Pero papelones al fin.

Qué pequeño y patético personaje de folletín..

Cuánta verdad

Hace unas horas, en una clase, tuvimos que ver un video. Una entrevista a Dolina, en un canal de cable. El periodista, recibido en el mismo lugar en el que estudio, no es de mis favoritos, la verdad. De hecho, como entrevistador, me parece que deja bastante que desear y depende demasiado de las ganas que ponga el entrevistado. Pero no es la cuestión. Porque esta vez, el invitado en cuestión era Dolina. Y dijo algo que me encantó (ví el programa en vivo, en su momento, pero no recordaba esa  parte).

En un momento, el tema de conversación pasa por los autógrafos que pide la gente, y las fotos y todo lo demás. Dolina admite que le gusta, que no reniega de eso. Y entonces dice:

Uno cree que está solo. Cree que ha pensado en la soledad de su cuarto una cosa absurda, imposible de ser compartida. Dice (con desdén) “qué sólo estoy”. Entonces uno escribe eso que pensó. Y muchos años después uno va por la calle, a la noche, y un tipo lo saluda y le dice “usted sabe, a mí me gustó mucho una cosa q…

Como si fuera un chico

Ayer fue un día raro. Horrible, en su mayor parte. Pero mejoró considerablemente después. Me causó mucha gracia darme cuenta que me estaba comportando como cuando era chico. Pero repasemos..

El sábado fue un día difícil, por cuestiones varias. Como me acosté tarde, el domingo siguió de la misma manera. Muchos pensamientos, muchas ideas, muchas ilusiones.. mucho de todo lo que suele llenar mi cabeza, bah. Me acosté y empezó a llover. Festival de clichés.

Me levanté y me sentía pésimo.. fiebre, dolores de espalda y cuello, de cabeza también. Hasta la cintura me dolía. Me tomé una aspirina, puse unas musiquitas y traté de relajarme lo más posible. Esta cama vieja no ayuda, está claro, así que tuve que volver a la dura silla hecha con restos de otras sillas, derretidas en algún ritual pagano. Lo que me causaba gracia era recordar cómo, cuando era chico, siempre me enfermeba y me perdía la primera semana de clases. Pasó durante la primaria, pasó durante la secundaria. Es increíble pero real:…

Agridulce

Es domingo, temprano, aún oscuro. Ya estoy arriba porque así se dieron las cosas esta vez. La ocasión hizo al noctámbulo. Y el desvelo es el resultado de una larga reflexión. Reflexión que me llevó a tomar una decisión. ¿Pero quién toma decisiones a estas horas? Probablemente alguien que haya pasado toda la noche pensando.

¿Para qué arriesgarse a perder a ciertas cosas? Tan reconfortantes como inusuales. Esas cosas que otros encuentran con sólo recorrer cortas distancias, decir unas pocas palabras. Hacerse notar, apenas. Esas cosas con las que casi cualquiera tropieza a menudo. En cambio yo, que me cuesta tanto encontrar esos focos de alivio.. ¿cómo extinguirlos? ¿Cómo echar todo a perder?

Suspiro, y me digo que es lo mejor. Que está bien. Que mañana, pasado, dentro de un mes, quizás me olvide. No más preguntas al aire, no más dudas ni conjeturas ni cavilaciones rebuscadas. No más imaginación. Por más bien que se sienta, por más dicha que le traiga al alma, esas ideas sólo alimentan una…

Virtual

Cuando uno sueña y el otro, nada más imagina. Por unos segundos, apenas. Es breve pero también es todo el alivio que necesitan. Y no hace falta más.

Terminada la comunicación, y como si de un trámite se tratara, cada quien vuelve por su camino. La otra persona, a su mundo real, tangible. Uno, quejumbroso y resignado, a su frío refugio. Seguro, pero insignificante. Al abrigo de las imágenes coloridas y situaciones de fantasía, productos de una mente que se rehúsa a actuar. Situaciones, diálogos, música de fondo. Todo perfectamente delineado por una razón vacilante, acostumbrada quizás a los tropiezos y golpes.

Promesas tempranas que se rompen al final del día. Temores que aplacan cualquier intención. Aunque el corazón pida más.

Definición

Verás, la rutina del perdedor no cambia seguido. De hecho, no cambia nunca. Cumple con sus responsabilidades, vuelve a su casa, espera por el final del día, y vuelve a comenzar. A veces hay algún destello de esperanza, o algo remotamente parecido, pero resulta efímero. El perdedor no cree, no espera, no confía. Sueña, a veces. Pero limita sus aspiraciones, basado en su propia realidad.

Algunas cosas no cambian nunca, se dice a sí mismo, y continúa. Por inercia.

Los días que llega antes a su casa, se sienta y reflexiona. Es un decir, porque en realidad, trata de no hacerlo. Al perdedor no le gusta pensar. Porque los pensamientos llaman a sus odiados cómplices, los recuerdos. Y los recuerdos de un perdedor nunca son buenos. Quizás algunos lo sean, pero eso sólo ayuda al sentimiento de resignación, conformismo, sumisión extrema.

Aquel día, el perdedor de turno llegó varias horas antes. Las obligaciones habían concluido antes de tiempo, y se vio obligado a volver a su hogar, asilo de penas …

Sin título III

Sólo bastan unas pocas palabras
No hay necesidad de hablar de más
Tan apacible como devastador
Es el sonido de tu voz
Enero, 2007

Vacilante

Lo que pasa es que estoy cansado. Cansado, sí. No debería parecerte raro. Quiero decir, ¿hace cuánto tiempo..? ¿Te acordás la última vez que..? Seguro, debe pasar unas veinte veces por mes, pero.. no, hablemos en serio.

Esta vez, honestamente, no recuerdo cuándo tiempo pasó. Un año, quizás. Dos, aunque quizás exagero. Pero es mucho tiempo. Se siente como mucho tiempo. Y lo que he logrado, también. Quiero cuidarlo. Quiero mantenerlo. Lo que sea que tengamos. ¿Por qué te cuesta creer que quiero cuidar algo así, que no quiero arruinarlo? Es difícil. Es decidir y dudar una y otra vez, casi al mismo tiempo. Pero en esos breves instantes de lucidez que experimento, por suerte he tomado la decisión correcta. O al menos lo que parece correcto. ¿Te parece correcto que..? Estoy haciendo lo de siempre, dudar y recurrir a la opinión de los demás. No debería.

Cuántas cosas hice estos últimos días. Cosas que había prometido no volver a hacer.

Meta

Vamos a hablar en serio, dije, en tono seguro. Aunque lo que vino después fue puro balbuceo. Mi intención era otra, sabés. Es hora de cambiar el tono, supuse. Lo pensé. Lo analicé. Decidí que era lo mejor. Y actué.

No era lo mejor. La ahuyenté. Cosas que pasan. Cosas que pasan siempre. Cosas que me pasan siempre a mí. La próxima, tal vez. Mientras tanto, me guardaré toda pregunta y toda duda que pudiera tener. Sé que dije que no lo volvería a hacer, pero también sé que vivo para desdecirme. Y vivo para cometer estos errores. Y a veces pierdo cosas valiosas..

Siempre. Siempre pierdo cosas valiosas.

“método”

Mi manera de esconderme es ponerme a la luz Mi forma de huir, es dar un paso al frente Mi forma de ignorar, es mirarte a los ojos Mi forma de no mirar, es abrir los ojos.
Abril, 2007

Sin título II

Momentos en los que amigos, o la gente con la que se está en ese momento, deja de ser compañía. Y pasan a ser refugio. Un refugio en el que nos protegemos de los recuerdos, de esos rostros familiares que se niegan a convertirse en extraños. Refugio de nosotros mismos, también. Por qué no.
Marzo, 2006 (quizás 2007)

“por qué debería”

Quiero creer en algo más, otra vez
Nada bueno llega de tu presencia
Por qué debería compartir el aire que respiro
sentir que vivís, saber que existís
mientras veo cómo yo dejo de hacerlo
Abril, 2008

“miradas”

Con su mirada perdida, sin rumbo
Sabe lo que ve en su cabeza, en sus sueños, en su corazón
Pide ayuda,
Ya no a gritos, ni suspiros
Apenas, tendiendo la mano
Mayo, 2008

“andar”

Y uno tarda más y más en llegar adonde va, como si en ese lugar estuviera la razón de su malestar. Pero no, es que cuando uno está así, con ese ánimo, prefiere el movimiento. El andar constante. Hay que ir. No importa dónde. Sólo ir.

La quietud llama al pensamiento. Y el pensamiento, a los recuerdos.
Marzo, 2007

Sin título

Entre sus cuentas pendientes estaba ese deseo de poder aprender a luchar, a enfrentar sus miedos y todo aquello que lo golpeaba. Resistir los embates, las trampas, las mentiras. Aprender, de una vez por todas. Saber decir que no. 
Mayo, 2008.

Tarde en la noche

Te explico la situación. Ayer me preguntaba si vale la pena preguntar esto y aquello, sacarse todas las dudas. Me parece que sí, que no hay que dejar dudas sin resolver. Pero también me parece que hago tantas preguntas que canso a todos y al final terminan huyendo. Así que no pregunto nada. Si no puedo hacer mil preguntas, no quiero hacer sólo una. Siempre con los extremos.

Así que en lugar de suponer, me puse a fantasear un poco. Que es una suposición un poco más elaborada, después de todo. ¿Sabés qué es lo más raro de todo? Basé toda la idea en algo que escribí una vez, algo muy específico. Partí de eso y me dejé llevar, inventando diálogos y situaciones. Fiel a mi estilo, las cosas no terminan del todo bien. Pero lo raro es que después chequeé las estadísticas del blog *momento nerd* y esa entrada había sido vista varias en los últimos días. Lo que son las casualidades. Me gusta creer en eso, sabés que sí.

Vicios

Mientras leía ese libro tan apreciado y querido para mí, se me ocurrían más y más cosas nuevas. Tanto para el blog como para todas esas hojas sueltas y cuadernos viejos que tengo por ahí, todo material rescatado de cajas a punto de desintegrarse. Claro que todo lo que se me ocurría era (es) tan anodino como siempre. Después de todo, se me ocurrían a mí.

Y toda esa repentina “creatividad” de madrugada es producto de lo mismo de siempre: ese ejercicio de recordar y recordar, hasta que no puedo más. Ejercicio cansador y repetitivo.

Ejercicio que a veces tiene un efecto benévolo, aunque breve. Y otras veces, sólo trae consigo lo malo, lo feo, lo indeseable. Y, para peor, duradero. Pero siempre caigo. Mi vicio sería el recuerdo, evidentemente. Me pregunto si existirá algo como Recordadores Anónimos..

Siquiera

Oscura es la noche para todos, pensaba, robando ideas ajenas. Pensaba en aquella vez, en aquel lugar, aquel día de aquel verano. Todas memorias viejas. Gastadas ya, de tanto recordar. Triste la vida del personaje triste, siempre rememorando épocas pasadas. Cuando el presente es “ni”, vale el intento. Aunque se debilite el consuelo..

Enojos

Son varios pasos, varias etapas..

Primero, es una mezcla de decepción y bronca. Te preguntás por qué no pasa nada, por qué nadie dice una palabra. ¿Por qué siempre tiene que ser uno el que levanta la mano, el que da el paso adelante?

Después te tranquilizás un poco. Y te resignás. Volvés a lo tuyo. A golpear la puerta, a llamar en voz alta, a los golpecitos en los hombros. Después te dicen que insistís mucho, que sos molesto, invasivo, y demás cosas feas. Y no entendés nada. Nunca lo hacés, pero en esos momentos, menos aún.

Y así pasa otro día. Momentos perdidos, como siempre decís.

Momentos perdidos.. y las dudas que persisten.

Rescate

Cuántas veces hablé de lo mismo. Seguramente estarás cansado de oírme gimotear sobre lo mismo, una y otra vez. Pero dejame, dejame que te cuente.

A veces un extraño llega, te tantea el hombro y te habla. Una pregunta, dos, a veces es sólo un saludo, quizás un comentario sin sentido. Pero si hasta las acotaciones más banales..

Ella me preguntó por esto, por aquello. El significado de esta palabra, de aquella, ¿transcurre en una época tal? Sí, adiviné, aunque no supiera nada. Hay cosas que escucho sin entender del todo; es que me dejo llevar por la música, me entendés. Le dije que sí, que tal vez hablara de esto, o aquello. En mi cabeza sonaban los acordes de la canción.

El mendicante silencioso, que ni siquiera disfruta la compañía de un rótulo. Supone que la expresión triste servirá, pero no siempre. Para que un gesto sirva, debe ser percibido. Y el mendicante en cuestión es casi invisible.

Todos tenemos días así. Todos creemos que nadie nota nuestra presencia, pero a veces un pequeño de…

Efímero

Hay cosas, mínimas, que hacen mi día.

Sé dónde buscar, sé dónde preguntar. Sé qué decir, y qué mostrar

Conozco los guiños y señas, y los repito. Los aprendí hace tiempo, y no me canso de repetirlos. Quizás los demás se cansen, no me importa

No hay que descansar a la hora de buscar eso que te da alivio. Ningún dolor ni obstáculo deberían poder detenerte.

Pequeñas batallas que se ganan a diario..

Desahogo

Claro que hay cosas que cuesta más conseguir. Hay un consuelo que no se consigue, ni aunque te repitas mil veces la misma mentira. Dicen que uno no se puede engañar a sí mismo, pero todos lo intentan. Lo intentamos.

Imaginar épocas mejores, conversaciones duraderas, presencias y compañías más cálidas.. Aunque tenues, esas imágenes están. Y te ayudan a sobrellevar el momento. Aunque el momento dure días.

Pero hablaba del alivio. A veces cuesta tanto encontrarlo. Aunque la situación sea ideal. El momento, la atmósfera, el estado de ánimo; todo en su lugar. Y sin embargo..

Habrá que seguir buscando.

Pequeñeces

Ayer/hoy tuve un sueño extrañísimo. Muy elaborado, absurdo y en lugares que parecían salidos de video juegos (si quisiera quedar bien, diría libros u obras de arte). La mente, la mente.. funciona de maneras extrañas. Sin entrar en detalles (los cuales serían muy extraños y complicados, de todas maneras), debo decir que funcionó como una especie de “limpieza de pensamientos”. Seguro, a nadie le dura el ánimo que tenía antes de dormirse.. pero me levanté renovado. Extrañado, pero cambiado.

Me ha pasado antes, con otros sueños muy vívidos que he tenido. Lástima que han sido tan pocos.. pero es raro despertar y sentir todavía lo que sintió mientras se dormía. Puede ser feo cuando los sueños han sido desagradables, pero cuando han sido dignos de recordar, es una sensación maravillosa (sí, uso la expresión maravillosa, y derivados, con frecuencia).

¿Por qué tengo que tener un día miserable para soñar así?

Sin sentido de estrategia

Esas cosas que hago yo. Preguntar, preguntar, preguntar. Cuestionar. Sacarme las dudas. ¿Pelear? Un poquito.

Pero es innecesario, sabés. Hacer esas preguntas que hago yo, cuestionar las cosas que cuestiono.. ¿por qué tengo esas dudas? ¿por qué son tantas? ¿por qué son todas?

Perpetua incertidumbre, ya sé. Inseguridad, también. Tenés razón. Siempre te das cuenta. Pero si no hiciera esas preguntas, si no cuestionara tanto.. No sería yo. Otra vez lo dijiste antes que yo. Esas cosas que hago yo..

Ahora mismo, me muero por preguntar tantas cosas. Mínimas, algunas. Insignificantes para cualquier otra persona que no sea yo. Pero quiero saber. Cada persona es diferente y yo..

Y yo sigo siendo el mismo. ¿Será que conocen a alguien más y ya saben que..? No, eso es ridículo. Pero quiero saber.

Quizás mañana me anime. Aunque no lo quiero arruinar. No lo puedo arruinar.

Basta de arruinar las cosas.

Refugio

Salida tempranera, aún con los ojos cerrados. El viento frío me despierta y la tímida presencia del sol me anima. No volveré hasta la tarde, y luego volveré a salir, para volver una vez más, con el día casi terminado. Sin embargo, mi mente sigue y seguirá en un solo lugar. Ahí, al lado de. Ideas, frases, pensamientos, imágenes. En un solo lugar.


De una sola manera. La mejor posible.

Contrasentidos

Nada nos aleja más que la aproximación, el acercamiento. La distancia y el desconocimiento nos mantendrán cercanos, aunque el intercambio de palabras sea mínimo.

Momentos perdidos

A veces es mejor guardar silencio. Si no va a beneficiar a nadie, si sólo traerá consecuencias indeseables, ¿para qué insistir?

Aquel día me arreglé un poco más de lo acostumbrado. Un poco más de lo acostumbrado quiere decir, apenas, un par de segundos. Vale la aclaración. Pero yo me arreglé. Entre comillas.

Luego hice lo de siempre: caminé las mismas cuadras, esperé en las mismas paradas, tomé los mismos colectivos. Luego volví a caminar las mismas, aunque diferentes, cuadras que camino cada día. Practiqué en mi mente las palabras, los gestos, las posibles respuestas. Todo estaba planeado. Nada podía salir mal.

Llegó el momento. La ví. Pasé cerca de ella. Pero no dije nada. Ni una palabra. Y la oportunida pasó. Fue la última. Lo sé ahora.

Porque nuestros horarios cambiaron. También las costumbres, los lugares frecuentados. Aquella había sido mi última oportunidad. Y no lo supe, no me di cuenta. Hasta que fue tarde. Aunque caminé los mismos caminos, aunque esperé en los mismos lugares, a…

Imágenes

Ya sé lo que voy a hacer este sábado: alimentaré viejas ilusiones. Será un día raro y la soledad será bienvenida, sin rechazo alguno. Mientras el cielo cambie de color, ocuparé mi mente en ficciones, alucinaciones, ensueños, espejismos, lo que sea. Como quieras llamarlo. Usá el nombre que se te antoje. También el adjetivo. De esa manera ocuparé mi tiempo. Y no me arrepentiré cuando todo haya terminado.

Si me preguntaras, te diría que es tiempo bien desperdiciado.

Algunos vivimos sólo de ilusiones.

Aspiraciones

Son ideas, ¿entendés?. Imágenes, pura fantasía. Una imagen que uno se crea en la mente, perfeccionando detalles con cada minuto que pasa.

Hace muchos años, hablaba de cosas así con una amiga. Cuentos de hadas, fantasías. Historias para chicos, también, por qué no. La existencia o no del consabido príncipe azul. Ella no creía. Yo le decía que sí, que esas cosas pasan. Que hay que creer. Con el tiempo, me dio la razón. Lo importante es creer. Hay muchos tipos de fe, como sabrás.

A veces, esos ideales se hacen presentes. Golpean tu puerta, recitan tu nombre. Dejás lo que sea que estés haciendo y vas a su encuentro. Una compleja elaboración de la mente que no sólo responde a tu anhelo, si no que prueba que lo real siempre superará a la ficción, a la fantasía. Todo lo que soñaste, todo aquello con lo que fantaseaste alguna vez.. delante tuyo, en toda su gloria. ¿No se siente mejor, acaso? Claro que sí.

Sabés que es así. La materialización de los deseos. Hasta en los más mínimos detalles.

Qui…

Frase

Tenía (¿tengo?) una amiga, que una vez me dijo, en respuesta a algo que ya no recuerdo, “no me olvides”. Qué frase. No sé por qué me acordé justo ahora, en este momento. Pero, insisto, es una gran frase. Un gran pedido.

Claro que no me olvido. Aunque no estoy seguro que quien haya pedido eso, cumpla ahora con algo parecido. No importa. Son etapas, digo, saliendo del paso.

Movimientos e intenciones

The face forgives the mirror
The worm forgives the plow
The questions begs the answer
Can you forgive me somehow?Tarde de otoño, cualquier lugar. Por una vez, no hicieron falta las palabras. Con gestos se puede comunicar, cómo no. Y aquella vez fueron más que suficientes.

Creo que te señalé un lugar, y alguna otra seña, todo de manera torpe y apresurada. Quise darme a entender, pero estaba muy nervioso. Los segundos corrían y el tiempo era valioso, como dicen. Todo aquello terminaría en instantes.

Cuando terminé mi triste escena, asentiste con la cabeza. Entendí que habías comprendido lo que quise decir. El mensaje, la intención. Seguimos camino, como si nada.

La sonrisa me duró todo el día.

Dos cuarenta

Mirá, hoy aparecí, luego de varios días por uno de los lugares que suelo frecuentar. Hice un chiste, o dos, y respondí un par de preguntas. Pero nadie preguntó nada. ¿Por qué no fui? ¿Me pasó algo? Y ese ambiente se supone amistoso.

Sin embargo, en el lugar en el que siempre estoy, que aparenta a veces ser más vacío y solitario, encuentro más voces. Más calor, sin comillas pero con formato. Seguro, la charla podrá ser corta y trivial. Pero es. Existe. Y no sabés cuánto vale.

Son esas cosas, esas pequeñas cosas que casi cualquier otra persona a mi alrededor da por sentado. Y como siempre, son las pequeñas cosas las que.

Pero si a mí no me falta nada, podrás decir. Tengo mis actividades y obligaciones, mi módico dinerillo, puedo almorzar y cenar, si decidiese cenar, y otros lujos de oferta tachada y vuelta a remarcar. Pero falta algo. Siempre falta algo.

Es en esos momentos de silencio, bajando o subiendo los escalones, en los que se hace evidente. Cruzando la calle, viajando en el colect…

Apatía

Hola, hoy. Qué tal, mañana. Cómo estás, pasado.

Así eran las muestras de interés, mínimas. El saludo casual, de ocasión. Pero sincero, en apariencia. Le interesa cómo estoy, ya es algo.
Después te entra esa ridícula idea en la cabeza. Pongamos todo esto a prueba, decís, y desaparecés. Entre comillas. Y paréntesis. Y en cursiva.

Y decime, ¿pasa algo? ¿Algo digno de mencionar? Lo que sea. No, ¿no? Es así como te das cuenta. La diferencia es mínima. La diferencia que hace en sus vidas. Tu presencia.

Y así pasarán más nombres. En pantalla, en persona. No es la vida la que la pasa, ni los minutos. Es uno. Como páginas de un libro aburrido. O una revista de domingo, destinada a ser leída en peluquerías de barrio.

A esto hemos llegado.

Disparate

Esos breves instantes de felicidad extrema. Locura infinita.
Contenida. Pero real.
Se termina. Pero existe.
Y es una alegría.
Felicidad.
Regocijo.
¿De estar vivo? Quizás.

Charla novelesca

Dejame que te cuente.

A veces se dan situaciones raras. Raras por lo poco frecuentes, y hasta sorpresivas. Pero buenas. Magníficas, diría.

Mirá, la otra vez, hace no mucho, me encontré con alguien. Hablamos. Y hablamos. Se hizo de noche, aunque ya era de noche. Quiero decir, se hizo más tarde. Muy tarde. No había nadie en las calles. No nos importó, por supuesto. Cómo interrumpir el momento.

Sabés que no soy de hablar mucho. Nos encontramos y charlamos y al rato me duele la garganta. No es chiste. Me escuchás toser seguido. No es toser, pero aclarar la garganta. Como se diga.

Esa vez no pasó. No me preguntes por qué. Hablé sin parar. Cosas serias, importantes, de gesto adusto y respetuoso asentimiento. Y mis acostumbradas tonterías, humor barato de paso, como para aliviar tensiones. La otra persona se ríe, un poco por compromiso, otro poco porque realmente está cómoda. Y la charla siguió.

Me acuerdo de todo, sabés. Cada palabra, gesto y mirada. Cada nota garabato en agenda, fotocopia o …

Breve

Tenue luz azul que ilumina la quietud
Tranquilidad absoluta
Silencio total..

Recycle Bin (Laden)

Adam, monstruo, demonio, vil insecto.
Ahora el mundo (Estados Unidos) festeja en las calles y hay cantos y fuegos artificiales y alegría, mezclada con un recuerdo que todavía debe doler como el primer día. Se entiende, quizás. Estoy seguro que el día que se muera Thatcher voy a brindar con lo que tenga a mano. Pero lo que hizo Thatcher y el gobierno británico de aquel entonces (hablo de Malvinas, claro está) fue responder a un grupo de impresentables (aunque aterradores) militares comandados por un borracho que apenas si podía peinarse o ponerse los pantalones. Y así pasan las cosas que pasan.

El 11 de septiembre de 2001 fue un acto de represalia. Terrible, sanguinario, espantoso, inhumano. Pero también una derivación. Si buscás el significado de represalia, vas a ver que se trata de un “mal que una persona causa a otra en venganza o satisfacción de un agravio”, o bien una “medida o trato de rigor que adopta un Estado contra otro para responder a los actos o las determinaciones adversos…

Hoy

¿Y si te dijera que hoy salgo a buscarte? Andaré por el mismo camino de siempre, esperaré donde siempre, todo será igual. La actitud, quizás, será diferente. Quizá la gente me vea distinto, y yo a ella. El buen ánimo logra esos pequeños milagros. Se preguntarán tal vez, qué le pasa a este loco.
Yo iré igual, a paso firme, en tu búsqueda. No me importará el clima ni la hora. Tampoco la distancia. Caminaré hasta que llegue.

Claro que algunas búsquedas son en vano. Especialmente cuando pasó tanto tiempo. ¿Y si te dijera que hoy salí a buscarte? Cómo podría decírtelo, si no te encontré. Triste personaje, hablándole a los recuerdos. Y a gente que no quiere saber de uno. Esto es a lo que se reduce uno, ¿ves? Triste y en apática postura, atino a decir que hiciste bien. Y me retiro. Por la puerta pequeña, sin luz, umbral de los perdedores.

Al final, todo lo que se hace es para darle la razón a aquellos que creyeron alguna vez. A los que creyeron en uno. Y lo quisieron. Memorias en sepia. Y come…

Si así es la reacción ante lo simple..

Cómo me cuesta animarme a las cosas más pequeñas. A veces se trata de hacer un simple viaje. Unos pocos minutos, menos de una hora. Estaría en otro lugar, extrañamente familiar. Pero lo suficientemente distante en el recuerdo como para resultar extraño. Hostil, casi. Aunque hostiles sean los recuerdos. O, en realidad, sus consecuencias.

Podría recorrerlo de punta a punta, con facilidad. Los nervios serían muchos, claro, pero lo podría hacer. Podría revisitar esquinas, veredas y calles. Vería que todo sigue ahí, qué es diferente y qué no, y volvería a mi casa. Seguramente a paso apurado, escondiendo la mirada. Debido a mi consabida cobardía, seguramente iría muy temprano. O muy tarde, quién sabe. Como para que la posibilidad de toparme con rostros conocidos sea mínima. Rostro conocido, en singular.

Tan poco valor para hacer cosas tan pequeñas.