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Agosto 2014

Era una de esas raras, rarísimas ocasiones en las que había un silencio casi absoluto a la hora de acostarme. No tenía sueño así que busqué el celular y me puse a escuchar unas músicas.. discos “con significado”, recuerdos de otras épocas, igual de insignificantes pero quizás con un tinte menos desalentador. Escuché un par de discos completos y en un momento estaba tan listo.. tan preparado. Era el momento. Era la hora. Pero no.

Raro sentir eso. Pero confortable.

En la oscuridad de la noche, abrazado a la nada, estuve listo para irme.

Quizás ya me fui.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.