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Logros insignificantes

A veces puedo sentarme y escribir trescientas o cuatrocientas palabras de una sola vez, sin pausas para repensar ninguna frase ni ningún sentido. Ésas son las mejores “tandas” de escritura. Claro que sólo se dan muy de vez en cuando. Y odio eso. Pero cuando se dan, qué maravilla. Y es posible que me haya quedado corto. Trescientas o cuatrocientas palabras no es mucho, ¿no? Hace un rato me senté a escribir un mail y me salió extenso y detallado, y lo escribí directamente en la ventana de Gmail, sin hacerlo antes en Writer ni nada de eso. Es un pequeño logro. Logros pequeños de gente pequeña, sí.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.