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Fondo de la Legua (2)

Cada vez que salgo y entro de Buenos Aires, miro esos edificios y están iguales, o al menos a mí me parece que están iguales, y los miro hasta que se pierden de vista y me recuesto de nuevo en el asiento y me pongo a pensar, pensar y recordar, y los edificios y los autos y las rejas y vos y yo.

Qué triste recordar esto una y otra vez. Qué triste recordar y hacer las mismas preguntas, ¿se gastan los recuerdos? Ojalá que no. Pero quizás sí. Y yo los estoy gastando así, de una manera tan superficial como conveniente. Mejor concentrarse en las buenas imágenes, las buenas postales, los buenos instantes, me engaño. Mejor sería no recordar. Mejor sería no tener que recordar.

Mejor sería tener una vida en serio.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.