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Mostrando las entradas de 2014

Improductivo

Pensaba por qué salir. Pensaba por qué volver. Pero salía. Y volvía. Porque no quedaba otra. Nunca hubo otra opción. Pero salgo para no quedarme. Y me quedo para no salir. Es un ciclo eterno de opciones que se anulan entre sí. Y no me llevan a ninguna parte.

Lugares (des)conocidos

Entre pasajes y caminos, pensaba. Quizás no pensaba demasiado, pero al menos lo intentaba. Y veía. Veía lo que quería. Era lindo perderse por esos lugares.

Aunque ya no puedo hacerlo.

Antes

Antes me importaba, te juro que sí. Me importaba y me esforzaba por llegar a algo. Intentaba lograr la más mínima satisfacción. Pero un día, no sé cuándo, dejó de hacer efecto. Dejó de importar. Todo, no sólo esas mínimas recompensas. Todo pasó a ser secundario. Accesorio. Nimio. Inútil.

Como yo.

Mundos

Entre veredas y calles colmadas, pasaba. Me deslizaba, como quien dice. Buscaba esos lugares abarrotados porque había ojos. Muchos, cientos. Ojos que no me buscaban pero que estaban. Ojos, reflejos, mundos que me gustaría explorar. En todos, rechazados. En los presentes, en los ausentes, en los que ni siquiera existen. Entre veredas y calles colmadas, vivía. O algo parecido a eso.

Burla (2)

Antes, no hace mucho, ciertas melodías tapaban el silencio. Después, no sé cuándo, las melodías cesaron. El silencio volvió a llenarlo todo pero no me molestó. Era lo mismo. Al final de cuentas, pensaba, lo mismo da escuchar a alguien más que a mí mismo. Silencio, música, banda sonora de una existencia que sigue siendo una burla. Como siempre lo fue. Como siempre lo será.

Pequeñeces (2)

Siempre es un extraño. Siempre. Alguien que aparece de la nada y te roba algo parecido a una sonrisa. Alguien que aparece de la nada y quiebra el silencio. Alguien que aparece de la nada y quiebra esa monotonía asfixiante en la que, sin embargo, tan seguro nos sentimos. Me siento. Monotonía, yo. Silencio, yo. Yo, siempre yo. Siempre yo y nadie más. Pero, a veces, aparece algo. Limosnas del destino. O algo.

Conexión eventual.

Desvanecimiento

A veces pesa tanto. Pesa tanto que uno termina en el suelo. De rodillas, doblado, apretando los ojos. Pesa. Y duele. Uno despierta sin saber dónde está realmente. Y duele. Duele los hombros, duelen las muñecas, duelen las rodillas. No saber dónde se está duele menos que recordarlo. Todo duele menos que recordar. Darse cuenta es lo peor. Darse cuenta. Seguir viviendo.

Ausentes

Al final de cuentas, pienso, son los que están siempre. ¿Quiénes? Los ausentes. Sí, están. Siempre están. En una existencia vacía, como la mía, y como si se tratara de una mala broma, son los ausentes lo que siempre están. Porque no hay nadie más. Entonces a ellos recurro. Los ausentes. A veces, les hablo. A veces, les pido favores. A veces, me los conceden. Y, a veces, brindo por ellos.

Agosto 2014

Era una de esas raras, rarísimas ocasiones en las que había un silencio casi absoluto a la hora de acostarme. No tenía sueño así que busqué el celular y me puse a escuchar unas músicas.. discos “con significado”, recuerdos de otras épocas, igual de insignificantes pero quizás con un tinte menos desalentador. Escuché un par de discos completos y en un momento estaba tan listo.. tan preparado. Era el momento. Era la hora. Pero no.

Raro sentir eso. Pero confortable.

En la oscuridad de la noche, abrazado a la nada, estuve listo para irme.

Quizás ya me fui.

Rival, aliada

Mi cabeza siempre va por los lugares equivocados, pero me termina ayudando. Y por eso, al final, siempre me termino amigando con ella.

Días, miedos

Los días fueron y vinieron, y nunca supe si seguir o no. Uno termina siguiendo porque no tiene ganas de parar. O no se anima a parar del todo, realmente.

Sombras

Sombras marcadas en los muros de la vida. Recuerdos reales que se confunden con los ficticios. La imaginación que ríe. La desdicha que cobija.

Palabras (des)encontradas

Me está costando encontrar las palabras. No las palabras justas; las palabras. Cualquiera. No sé por qué. Si he pasado lo mismo, he sentido lo mismo. Quizás hasta las palabras se cansaron.

Engaños teñidos de gentileza

Espejismos, pequeñas ilusiones, mentiras creadas por la mente para.. ¿para qué? En el momento, agradezco el gesto, la actitud, lo que fuera. Pero después, inmediatamente después.. ¿de qué sirve? Si uno siempre se da cuenta. Si uno siempre despierta..

Salir, oscuridad, nada

Salir para ver un poco de esa oscura nada que tanto se parece a lo que me alimenta. Al menos, algo de luz hay en las calles. Luz y ruido y viento y vida. O algo parecido a la vida.

Ya no puedo

Ya ni caminar por el barrio puedo. Algo que hacía para distraerme, ahora.. no puedo. Ya no puedo. Oscuridad, envuélveme.

Aire, compañía

Es raro, porque son veredas algo oscuras. Pero me gusta caminarlas. Más, a estas horas. No es tan tarde pero está en el límite de las noches. Cuando la noche empieza a ser menos amistosa, por decir algo. Y, sin embargo, ahí me ven, caminando esas veredas raras, algo derruidas, llenas de hojas secas.

El viento, mi compañía.

Otoño (2)

(...) Caminar con paso presuroso, mientras el viento de otoño silba su melodía callada, y las hojas bailan una vez más su danza delicada. El cielo gris conquista la noche y las gotas también dicen presente, tímidamente, con la intención de disputarse el dominio de las sombras..

Ido

Resulta que un día, no recuerdo cuándo, decidí tirar todos mis papeles y escritos. Sin querer, me fui con ellos.

Sueño, rescate

Había momentos en los que no podía con tanto suplicio.. y cerraba los ojos con fuerza. Ni siquiera el sueño venía a mi rescate.

Juego, destino

Jugando a ignorar el destino, caminé hasta que me sorprendió la noche. Sé que suena a frase hecha, pero la oscuridad me rodeó y me encontré en ningún lugar.

“Sin embargo..”

Y aunque la noche expiraba, las ideas persistían. También los sentimientos. Era todo oscuridad, aunque ya se despedía. Oscuridad, desazón, qué decir, qué pensar.

Ella

A medida que las horas pasaban me preocupaba no saber qué decir. Nunca había sabido qué decir, es verdad, pero por alguna razón estaba entonces preocupado. Y así la ansiedad, la intranquilidad, los nervios innecesarios. Todo residía en la imaginación, pero la imaginación es algo poderoso. Nos lleva, nos acepta, nos resguarda, nos salva.

Sentir, al menos

(...) La verdad, suponía, era que no pesaba. Lo hacía un día, al otro no. Quizás a una hora, y a la siguiente no. A veces, era cuestión de minutos. Segundos. Era tanto el desorden de los ánimos que era difícil saber cuándo sentía qué.

Al menos, pensaba, debería estar agradecido de sentir algo.

Raro, extraño, inusual

Raro encontrar algo remotamente sensato en este lío de ideas y sentimientos, pero a veces pasa. Hablo de las cosas que escribo, que a veces suenan tan extraño, tan foráneo, tan extranjero......que me pregunto si lo habré escrito yo. Pero sí, debe haber sido así. Quizás. ¿No? Es tan raro reconocerse a uno mismo, a veces. Y, sin embargo, pasa.

Quizás, acaso, probablemente, tal vez

Y así nomás son las cosas (digo, como si estuviera terminando una frase u oración anterior). Afuera, fresco, agradable. No es el pronóstico del tiempo, simplemente una descripción. El cielo gris, casi negro. Quizás siga la lluvia. Insisto, no es el pronóstico del tiempo. Me gusta este día. Estuvo bien, siguió así, por ahora no cambia. Ya se termina, no puede cambiar. O quizás sí. No me importa. Pienso mientras escribo y escribo mientras pienso. Corre la cerveza y el día se va. Todos los días se van. Pero lo hacen cada vez más rápido. No sé por qué corre tan rápido el tiempo. O quizás sólo ahora me parece que lo hace. Quizás sólo ahora me parecen muchas cosas. Quizás sólo ahora. Quizás.

Reflejo

Hace un rato vi un documental que me llegó mucho y, ciertamente, me estremeció. Me gusta ver documentales y reparto mi atención entre ellos y las películas “con argumento”, para llamarlas de alguna manera. Como sea, vi The Bridge mañana y sentí como si me viera a mí mismo. Puede parecer exagerado para quien me conoce pero, como siempre digo, las personas nunca te conocen realmente. Algo que se dio con The Bridge es que, cuando veo algo en la computadora, puedo ser bastante insoportable y pausar seguido, para ir a buscar algo, para espiar otra cosa, por cualquier motivo. Esta vez no; me mantuve en el lugar todo el tiempo e incluso durante varios minutos después de finalizado el documental. También en silencio. Me reconocía en esas personas, las que eran objeto del documental. Quizás no me identificaba al cien por ciento con alguna en particular, pero ciertamente había detalles aquí y allá con los que sí podía hacerlo. También me sorprendió la “buena intención” detrás del documental, y …

Reiteración (porque ya usé 'repetición')

Como dije más de una vez, escribir en este blog es escribir sobre cualquier momento pasado o futuro. Las horas se repiten, los días se repiten, las semanas, los meses. También los ánimos, las ideas, los pensamientos, los sentimientos. Es sentir una cosa, luego otra y otra y otra más, y volver a empezar. Es siempre así. Y no va a cambiar. Creo que en algún momento, quién sabe cuándo, creía -sinceramente- que algunas cosas podían cambiar. Ya no lo creo. Y no lo creo desde hace algún tiempo. ¿Cuánto tiempo? Imposible saberlo. Una de tantas cosas que me sorprenden. O han sorprendido. Despertar un día y saberse vencido, derrotado, sin ganas de levantar los brazos ni abrir los ojos.

Logros insignificantes

A veces puedo sentarme y escribir trescientas o cuatrocientas palabras de una sola vez, sin pausas para repensar ninguna frase ni ningún sentido. Ésas son las mejores “tandas” de escritura. Claro que sólo se dan muy de vez en cuando. Y odio eso. Pero cuando se dan, qué maravilla. Y es posible que me haya quedado corto. Trescientas o cuatrocientas palabras no es mucho, ¿no? Hace un rato me senté a escribir un mail y me salió extenso y detallado, y lo escribí directamente en la ventana de Gmail, sin hacerlo antes en Writer ni nada de eso. Es un pequeño logro. Logros pequeños de gente pequeña, sí.

En resumen..

No sólo es patético escribir estas tonterías, basadas en los pobres recuerdos de una vida pequeña colmada de nimiedades, sino que también lo es dejar detalles tan específicos, tan fáciles de rastrear a su lugar de origen. Este ridículo blog no colabora con la privacidad, precisamente. Ni con la privacidad ni con el buen gusto ni el sentido común ni nada de eso, además de fallar a la hora de presentar una firme defensa de los inútiles que despiertan cada día sólo porque no han muerto durante el sueño.

Fondo de la Legua (2)

Cada vez que salgo y entro de Buenos Aires, miro esos edificios y están iguales, o al menos a mí me parece que están iguales, y los miro hasta que se pierden de vista y me recuesto de nuevo en el asiento y me pongo a pensar, pensar y recordar, y los edificios y los autos y las rejas y vos y yo.

Qué triste recordar esto una y otra vez. Qué triste recordar y hacer las mismas preguntas, ¿se gastan los recuerdos? Ojalá que no. Pero quizás sí. Y yo los estoy gastando así, de una manera tan superficial como conveniente. Mejor concentrarse en las buenas imágenes, las buenas postales, los buenos instantes, me engaño. Mejor sería no recordar. Mejor sería no tener que recordar.

Mejor sería tener una vida en serio.

Reminiscencia sin sentido

Claro, pienso, me acuerdo porque quiero. Me acuerdo aunque sé que no terminaré bien. Pero recuerdo porque es lo único que tengo. Recuerdo porque es lo que me hace seguir. O, al menos, eso creo. No sólo recuerdo, también miento. Mentir, recordar. La vida es un engaño. Pero recuerdo. Y aquella vez, dónde estabas, ya sé, en lo tuyo. De fondo sonaba este tema, que escucho ahora, y la emoción, la voz, los sentimientos, las palabras. Qué lindo aquello. Hermoso, diría. Instantes después, apareciste, hablamos, coincidimos. Qué lindo momento, aquel. Qué feo momento, el que sigue. Recordar no ayuda. ¿Pero qué más se puede hacer?

Año nuevo, recuentos, etc

Empezó el año y no hice uno de esos clásicos “balances” acerca del año que terminó. Es que, claro, en el fondo no creo que este año sea muy diferente. De hecho, por alguna razón, creo que este año será como otros, más recientes, pero no precisamente los últimos. ¿Se entiende? Me veo volviendo a ciertos lugares. No necesariamente oscuros, como los que comentaba en la entrada anterior. Quizás no se trate de volver a lugares geográficos, sino meramente anímicos. Quizás no sepa de qué estoy hablando. Aquellos años, más recientes pero no precisamente los últimos, eran también iguales a los que los siguieron. Sin embargo, en mi recuerdo fugaz, parecieran haber sido mejores. O menos peores, al menos. Cosas que piensa uno cuando no queda más que pensar y aún falta mucho para que llegue el nuevo día.

Mi lugar

Es raro encontrar confort en ciertos rincones oscuros. Nunca me doy cuenta que estoy en ellos hasta que pasó cierto tiempo. Entonces me sorprendo pero no me retiro ni muevo, aunque sea unos pocos centímetros. Es raro, insisto, encontrar confort en ciertos rincones oscuros. Quizás quiera aprender algo abrazando esa oscuridad. Quizás sólo me haya dado que ése es mi lugar.

Círculos

Y, sin embargo (que era cómo quería comenzar la entrada anterior), no me queda más que volver a lo mismo. Siempre. Porque es el mismo lugar. Siempre. El mismo origen, el mismo fin. Como si caminara en círculos todo el tiempo. Que es lo más probable, cómo no. Volver al punto de partida porque es la única forma que se puede terminar. Qué cosas..

Nada útil

Antes de empezar, siempre me pregunto si iré a repetir, una vez más, los mismos comienzos de siempre. Es que sólo tengo un par de “inicios” pensados, lamentablemente. Y siempre los vuelvo a usar. Qué lata para quien tuviera la mala suerte de terminar en este blog..

Agitación efímera

Pensando en no sé qué, cierto rostro dijo presente. El rostro se convirtió en figura y mi inquietud en agitación. Recordaba que siempre me interesaba aquella figura cuyas dos o tres palabras me habían impresionado alguna vez. Quizás con la guardia baja, quizás con la necesidad elevada, las dos o tres palabras recordaban una sensación y esa sensación recordaba la curiosidad, la fantasía y unos segundos después, era todo ilusión, alucinación, imaginación. Pensaba cómo dos o tres palabras podían convertirse en una imagen completa y cómo esa imagen completa podía hacer que mi pulso se acelerara y el sudor corriera y la piel se volviera brillante y escurridiza. Pero aquello duraba muy poco. Todo, reconocía al fin, duraba muy poco. Una vez recuperado, secándome el sudor de la frente, recordaba el por qué de ciertas cosas pero rápidamente me olvidaba de todo el asunto. Para qué, trataba de convencerme, pensar en ciertos rostros, que sólo llaman a la desdicha.

Contaminar

Lo peor, creo, es la bastardización de ciertos recuerdos. Su mal aprovechamiento, quiero decir. Aunque quizás no sepa qué quiero decir. A veces una imagen difusa se aclara y resulta que es un buen recuerdo, de un lugar o fecha desconocidos u olvidados, pero esa buena generosidad del inconsciente se convierte en maldad, o algo parecido a la maldad, quizás una perversidad, en la que termino lamentando la ausencia de aquello que fue bueno. O que supuse bueno. Lo malo que llama a lo bueno que termina contaminándose y siendo malo. Qué horrible recordar. Qué horrible arruinar los buenos recuerdos.. por efímeros que sean.

Chispazos

Por qué, me pregunto, intento recuerdo ciertas cosas en ciertos momentos. Nunca he estado al borde de ningún abismo ni en la vecindad de objetos afilados. Sin embargo, esas pequeñas chispas de recuerdo aparecen. ¿Solas? A veces lo dudo. Pero generalmente no me importa. Seguro, se sienten bien por un instante. Pero después, al final, sólo refuerzan al malestar.

Palabras sueltas

Eran -y son- muchas palabras sueltas que nunca encontraron su lugar. Pasaron los años y esas palabras se encontraron, sin saberlo, encerradas en un lugar oscuro. Quizás un día, alguien las reuniría y trataría de formar una idea. Una idea o una sensación o un verso o lo que fuera. Las palabras no querían perderse en la oscuridad.. aunque sabían que, quizás, no quedaba más remedio.

Ideas (2)

Esas ideas pequeñas, a veces recuerdos, a veces simples ocurrencias, vienen a llenar la mente por unos instantes. A veces, sirven para mejor el día. A veces, son un pequeño llamado de atención. La mente se preocupa, supongo, por lo que uno pudiera llegar a hacer. Hasta que recuerda que ya no queda voluntad. Ni siquiera para intentar preocuparse.

Ideas

A veces surgen ideas pequeñas, salidas de quién sabe dónde, que produce un pequeño chisporroteo en la opacidad de las horas. No sé de dónde surgen ni intento averiguarlo, temeroso de cohibir su existencia y quedarme para siempre perpetuado en esta oscuridad.

Cansancio

No quiero hablar de mí pero siempre termino haciéndolo. La charla es aburrida y cualquier alternativa posible también lo es. Hace unos años, quizás, tenía la voluntad o las ganas de inventar algo, lo que fuera, con tal de llenar el silencio. Ahora ya no. No recuerdo cuándo pasó pero un día me cansé. No sólo de intentar narrar cualquier cosa, sino también de todo lo demás.

Sinónimos

La búsqueda de sinónimos formaba parte de su rutina diaria. Cuando uno experimenta lo mismo todos los días, es difícil no repetirse en las definiciones o ponerse nervioso a la hora de intentar explicar lo que fuera. Pero es que los días eran todos iguales.. y no parecía que fueran a cambiar.