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Huellas

Cómo cuesta volver, pensó con los ojos nublados. Cómo cuesta animarse, aunque sea a asomar los dedos. Es que en algunos lugares, pensó, quedan huellas. Huellas de hechos dolorosos. Fantasmas del pasado que se rehúsan a dejar su lugar, convencidos de que su único propósito es el de agitar las memorias, inquietar los recuerdos y perturbar la falsa calma con la que llenamos nuestros días. Qué barbaridad —intentó tranquilizarse—, pensar con palabras tan grandes cuando las cosas que hay que enfrentar son tan pequeñas. Primero un paso, luego otro, y quizás se puedan volver a desandar los mismos caminos. De alguna forma hay que volver, pensó. Y se quedó para siempre en el mismo lugar.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.