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Huellas

Cómo cuesta volver, pensó con los ojos nublados. Cómo cuesta animarse, aunque sea a asomar los dedos. Es que en algunos lugares, pensó, quedan huellas. Huellas de hechos dolorosos. Fantasmas del pasado que se rehúsan a dejar su lugar, convencidos de que su único propósito es el de agitar las memorias, inquietar los recuerdos y perturbar la falsa calma con la que llenamos nuestros días. Qué barbaridad —intentó tranquilizarse—, pensar con palabras tan grandes cuando las cosas que hay que enfrentar son tan pequeñas. Primero un paso, luego otro, y quizás se puedan volver a desandar los mismos caminos. De alguna forma hay que volver, pensó. Y se quedó para siempre en el mismo lugar.

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Frase hecha

Como palabras dichas en otra realidad, algunas verdades retumban en mi cabeza. Pienso en lo que podría haber sido, y me río. Me río para no llorar.

Espejo

Estaba la luna pintada como en esos viejos cuadros que creía haber visto en primera persona. Estaba la luna triste, como ese triste bufón que veo en el espejo. Estaba la luna triste pero se alivió al ver que había un personaje peor en el paisaje. Estaba la luna triste. Estaba la luna. Estaba yo.