Ir al contenido principal

Reincidencia (explicada)

Anoche hablaba de recuerdos, momentos y estados de ánimo; debería aclarar que no se trataba de recordar momentos específicos, historias bonitas y anécdotas felices. Se trataba de recordar el lugar donde está uno y, finalmente, lo que uno es. Recordar nunca es una actividad estimulante; porque pasaron muchas cosas feas, porque –quizás– pasaron algunas lindas, pero, de todas maneras, ya pasaron. Han quedado allá, lejos, y algunos detalles se han perdido. Recordar, insisto, nunca es una actividad estimulante. Pero recordar y darse cuenta a la vez..

Anoche me sentía bien, sin saber por qué. Pero cuando me siento bien –a veces pasa– no me detengo a analizar los por qué; simplemente trato de pasar el rato lo mejor posible. Así estaba, anoche, y decidí pasar por algunos lugares especiales, buscando otro tipo de distracción. No sé, quizás la mente espera por cualquier mínimo detalle para activar lo que sea que active y cambiar nuestro ánimo, quizás sea el inconsciente o algo más, no creo que pueda terminar de definirlo o entenderlo, pero.. el ánimo cambió. Veía unas personas, muy alegres, muy bonitas, intercambiar algunas líneas de diálogo, mínimas, pero se veían contentas. A veces, escuchar una risa a lo lejos, contagia. Así que ahí estaba yo, a lo lejos, sonriendo tímidamente, tratando de disimular que era por algo que le pasaba a alguien más, y que mi intromisión no fuera tan evidente. Quizás alguien lo notaría, quizás no. Seguramente no. Pero, pero.. siempre hay un pero. Ver eso, ver esa actividad, ese movimiento, esa vida.. me tomó por sorpresa. Maldición, pensé, y me fui. Tuve que irme porque aquello que me había ayudado, sin querer, ahora me complicaba. Qué cabeza, ¡qué cabeza la mía! Pero así soy, y siempre he sido así.

Al final, pensaba en aquello, la gente normal y sus vidas normales, todo eso que siempre se sintió distante. Y es raro que me pegue como me pegó anoche. Pero lo hizo. Y no supe qué hacer. Creo que ya no sé qué hacer.

Entradas más populares de este blog

El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Abue

El sábado hizo un mes que murió mi abuela. No me cuesta escribirlo pero me cuesta creerlo. Y antes de eso, pasó un mes internada. Tanto tiempo pasó, y sin embargo parece que no hubiera pasado nada. Sigo sin entender muy bien, sigo sin creer nada.. o sin querer creer nada. Sigo porque tengo que seguir y no pienso porque es lo que me conviene. Un poco nos habíamos acostumbrado a que no apareciera mucho, pero estaba. Y ahora ya no está más, y es difícil admitirlo. Difícil, imposible. Algún día voy a caer, abue, y nadie me va a poder levantar. Ojalá estés bien, donde sea que estés. Con tu viejo Nacho, con tu gato Juan, con tus hermanos. Ojalá, ojalá.

Agradezco haberte dicho las cosas que debí decir mucho antes, y seguiré viviendo con la culpa de haber dicho o hecho otras cosas que no debí decir o hacer. Hasta que caiga del todo, brindo en tu nombre.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.