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Mostrando las entradas de 2013

Falso interés, costumbre real

Te puedo hablar de la seguridad de los que pasan. Personajes que se presentan, fingen interés, dejan un “vuelvo enseguida” y jamás regresan. No he conocido tantos pero alguno sí, alguna vez. Más de una vez. Al menos, un par de veces al año. Cada año. Al principio no me interesa pero después sí, casi que necesito creer. Es una necesidad, realmente. Claro que, para entonces, ya no dan señales de vida. Así son las cosas. Así fueron siempre. No sé por qué sigue pasando pero es así.

Preguntas repetidas (2)

Al final de las horas, cómo no, haré las mismas preguntas de siempre. Y no podré ver. Por la luz. La luz de quién sabe qué día. Pero no podré ver. Y no entenderé. Y haré las mismas preguntas. Las mismas estúpidas preguntas de siempre.

Querer y no poder

Quería ver algo distinto, pero no podía. No podía, aunque lo intentara con todas mis fuerzas. Era imposible. Simplemente. Simple e imposible. Cómo son las cosas, pensé. Cómo son las cosas..

Volver

Alejar la vista para no ver. Mirar para otro lado pero sentir, sentir igual. Apretar los dientes, despertar.

Idioteces

Intercambiar dos por una, ¿qué no daría yo?: “Vea, vea, si hasta les he sacado un poco de brillo”. Dos vidas por una sola, distinta, diferente a la mía. Dos vidas por un recuerdo.

Desaparecer

Para ver, quedaban otras horas. Ver, pensar, considerar, analizar. Horas para pensar, horas para decir. Horas para cerrar los ojos y tratar de dormir. ¿Cuántos meses pasaron ya? Nadie recuerda. Nadie lleva la cuenta. Hoy me pregunto qué fue de ayer, y ayer me preguntaba sobre la semana anterior, y la semana anterior, sobre el mes y así. El tiempo se gasta, se pierde, se va.. desaparece y no vuelve más. Hasta que sea mi turno de desaparecer.

Repite, repite, repite

Siempre empiezo con siempre. Siempre digo lo mismo. Siempre repito las palabras, los sentidos, las (pocas) ideas. Siempre, siempre, siempre. ¿Cómo se puede hablar siempre de algo que no llega nunca? Diferentes maneras de huir de la realidad, quizás. Mentiras que no creería ni aunque estuviera en la última hora de mi vida. Resignación mata desesperación.

“Zapatos de goma”

No sé cuándo fue, pero no fue hace mucho. Sentado, esperaba por algo, no recuerdo qué. Tenía que ir a algún lugar, lo usual, como casi todos los días. La rutina que llama, la rutina que llena las horas. Esperando, me puse a pensar. Pensando, pasaron las horas. El día se convirtió en noche y no fui a donde debía ir. Pero tampoco volví a mi casa. Pensaba, con grandiosa pretensión, que no tenía razón de volver. Ni de volver ni de salir. Pero volví, porque los días se terminan y también los argumentos trillados.

Hallazgos

Maravillado, decía. Maravillado de cómo se dan las cosas. Decepcionado, entendía, de darse cuenta tan tarde.

Repetido (2)

Empezar a decir las cosas es empezar a repetir lo que ya dije una y otra vez. A veces me quedo pensando en nuevas maneras de empezar a hablar, pero al final me doy cuenta de que.. es todo siempre lo mismo. Así que no importa cómo empiece o cómo termine. No importa nada, en realidad, pero esa ya lo sabía de antes. Quizás un día aprenda a inventar mejores realidades...

(des)atención

(...) Y sin embargo, como siempre digo, hay cosas que todavía pueden llegar a sorprender. Que todavía pueden llegar a sorprenderme. Y cierro el cuaderno, o abro los ojos, y sacudo ligeramente la cabeza. Como una señal de que es momento de despabilarse. Y que soñar está muy bien, pero no se puede vivir así.

O quizás sí se pueda.

Realidades (2)

Ahora, a estas horas, pienso, y me pregunto, qué queda por decir.

Hay horas en las que me pregunto para qué, otras en que me ayudo a encontrar el por qué. Sin embargo, siempre llega el momento en el que me pregunto ¿y ahora qué?

No es una afición (ni una adicción), hacer preguntas sin respuestas; pero es (casi) lo único que me queda.

Rutina (3)

Y así fue como viejas horas volvieron a correr, apuradas por llegar adonde ya habían llegado tantas veces. Las horas, los días, las vidas; todo se repetía, una y otra vez, y nadie parecía notarlo. Este día sería como el anterior, y aquel fue igual al que lo precedió. Era todo igual. Y a nadie parecía importarle.

Idea, pensamiento, vida

Es como si hasta los oídos se abrieran. No sólo los ojos. Los oídos, la mente. La percepción completa. La oscuridad parece menos oscura pero igual se ve, algo se ve, detrás de todo ese negro hay algo, una pequeña luz o quizás un agujero aún más negro, pero algo. Y es como si los oídos se abrieran, y los ojos y la mente y las ideas fueran claras y las palabras fueran las correctas y uno se da cuenta.

Pero es tarde. Y siempre lo fue.

Cíclicamente

Era una mentira, pero a nadie le importaba. Mentir, mentía, mentiría; todos pasan por eso. Todos pasamos por eso. Es la costumbre, la rutina. A nadie le importa una mentira más, pero aunque sea que la digan bien, con algo de convicción. Si nadie lo intenta ya, qué quedará para los crédulos. Pensar, mentir, creer; es todo lo mismo. Pasan los días, también las palabras, pero las mentiras quedan. Mentiras que, desde hace algún tiempo, son la única verdad que tenemos.

Maldición

A veces trato de recordar el momento exacto, la fecha, la hora. Pero no, no puedo. A veces no se puede, realmente. Pero lo intento un poco más, sólo para estar conforme. Contento, por qué. Al final, son todas las fechas parecidas. Aunque, en realidad, no, es todo lo contrario. Los días siempre fueron distintos. Siempre lo serán. Pero cuando las mismas cosas parecen suceder una y otra vez, hasta los días pierden su nombre. Los días, las horas.. las personas.

Quisiera no poder recordar toda mi vida.

Inutilidades

A veces estoy lejos, y me pregunto cómo sería no estar tan lejos. A veces estoy cerca, y me pregunto cómo sería no estar tan cerca. Es la naturaleza humana, me dicen. Y me pregunto por qué me pregunto ciertas cosas. Ojalá no tuviera que hacerme ciertas preguntas. Siempre buscando mi lugar, siempre encontrándome fuera de él..

Fuerzas extrañas

Había algo, una fuerza extraña, quizás, que tiraba de las cejas, de las pestañas, los párpados. Los ojos se cerraban, la cabeza bajaba y el cuerpo temblaba. Las rodillas se doblaban, tocaban el piso, la tristeza que aplastaba.

Invierno (2)

El invierno llegó. No se ve el cielo pero, si se viera, seguramente sería gris. Negro, tal vez. La noche llena los días. La noche llena la vida.

Otoño

Allá arriba, muy por encima de nuestras cabezas, el viento arrulla las hojas y este otoño que dice adiós..

Movimientos e ideas

Baldosas flojas que no parecen querer que uno las pise. Pensamientos de un día cualquiera, yendo a ninguna parte. Primero serán las baldosas, después quizás el viento, más tarde los toldos o las hojas caídas. Distracciones de un día cualquiera, volviendo de ninguna parte.

Viento hablador

Y ahora resulta que la noche dura más. El frío que, sin embargo, hace compañía. El silencio de la ciudad vacía, un día como cualquier otro. Algunos vehículos pasan, también algunas personas. Sus sombras quedan, observando las veredas, los edificios, las nubes en lo alto. Las sombras quieren recordar los lugares por los que han vagado, aunque sus recuerdos se vayan con el viento, como las hojas secas de este otoño plomizo.

Voces desparramadas (2)

A lo lejos se escuchan voces; conversan, discuten, cuentan algún secreto por lo bajo. A veces ríen, otras veces lloran. Es bueno saber que alguien allá afuera vive algo. Padecer, sufrir, experimentar, vivir. No todos podemos hacerlo.

Baldosas (2)

Lento caminar en veredas rotas, húmedas y extrañas, que sin embargo parecen componerse cuando uno las transita. Pequeñas treguas de la ciudad maldita, pequeños favores del entorno hostil que, sin embargo, es de lo más amistoso que se puede encontrar.

Teclas

Cómo salir del silencio, aunque ese silencio no sea nunca absoluto. Cómo salir, cómo escapar, cómo saber siquiera si uno quiere en realidad salir o escapar. A lo lejos, quizás en mi imaginación, se escuchan las suaves notas de una melodía de ensueño. Un piano, un piano lejano, me llama. Intenta ayudarme. Piano, viejo amigo, que has venido a guarecerme. El silencio se quiebra pero no es una rotura dolorosa; el silencio sabe que, aunque no quiera, me agobia, me asfixia, acaba conmigo. Las notas llegan y me abrazan y de repente la oscuridad retrocede un poco. Melodías que liberan.

Huellas

Cómo cuesta volver, pensó con los ojos nublados. Cómo cuesta animarse, aunque sea a asomar los dedos. Es que en algunos lugares, pensó, quedan huellas. Huellas de hechos dolorosos. Fantasmas del pasado que se rehúsan a dejar su lugar, convencidos de que su único propósito es el de agitar las memorias, inquietar los recuerdos y perturbar la falsa calma con la que llenamos nuestros días. Qué barbaridad —intentó tranquilizarse—, pensar con palabras tan grandes cuando las cosas que hay que enfrentar son tan pequeñas. Primero un paso, luego otro, y quizás se puedan volver a desandar los mismos caminos. De alguna forma hay que volver, pensó. Y se quedó para siempre en el mismo lugar.

Última hora

Era un día como tantos otros, en los que no recordaba qué había hecho. Sabía que algo había tenido que hacer porque se sentía como si hubiera sido una larga jornada. Pero no recordaba haber hecho nada. Se levantó temprano, se bañó, desayunó (quizás), salió, volvió, cocinó.. y se encontró en el único lugar en el que había recordado estar alguna vez. En el borde de la cama, cansado, con la vista en el piso y el oído distraído, tratando de descifrar los sonidos lejanos que entraban por la ventana. Qué vida, pensó.

Cerró los ojos y no los abrió nunca más.

Caminos (2)

El camino no cambia nunca, pero sí quienes lo transitan. Este camino, por ejemplo, no recuerdo bien adónde me lleva, pero lo ando y desando casi todos los días. Reconozco las baldosas, las texturas, las líneas, las manchas. Sin embargo, no sé dónde me lleva. No sé si alguna vez he llegado a destino, o simplemente vuelvo una y otra vez. Caminar, caminar y caminar, sólo para no llegar a ninguna parte.

Reincidencia (explicada)

Anoche hablaba de recuerdos, momentos y estados de ánimo; debería aclarar que no se trataba de recordar momentos específicos, historias bonitas y anécdotas felices. Se trataba de recordar el lugar donde está uno y, finalmente, lo que uno es. Recordar nunca es una actividad estimulante; porque pasaron muchas cosas feas, porque –quizás– pasaron algunas lindas, pero, de todas maneras, ya pasaron. Han quedado allá, lejos, y algunos detalles se han perdido. Recordar, insisto, nunca es una actividad estimulante. Pero recordar y darse cuenta a la vez..

Anoche me sentía bien, sin saber por qué. Pero cuando me siento bien –a veces pasa– no me detengo a analizar los por qué; simplemente trato de pasar el rato lo mejor posible. Así estaba, anoche, y decidí pasar por algunos lugares especiales, buscando otro tipo de distracción. No sé, quizás la mente espera por cualquier mínimo detalle para activar lo que sea que active y cambiar nuestro ánimo, quizás sea el inconsciente o algo más, no creo que …

Reincidencia

Me río porque no recuerdo cómo empezó, pero evidentemente lo hizo. Estaba, como todas las noches, tratando de juntar algunas ideas sueltas y tratando de llegar a alguna parte, cualquiera, sólo me importaba llegar. Pero vi una palabra. Debo haber visto una palabra. No hace falta más que una. Una que llame a las demás. Y luego las palabras llamarán a los recuerdos. Y ahí se complica todo. Pero no recuerdo cómo comenzó aquello. Sólo sé que lo hizo. Y aquí estoy ahora. En el fondo mismo de las cosas. Lugar al que tantas veces he llegado, sin querer y sin esforzarme demasiado. Pero caigo. Y luego, la lucha. Tratar de salir. ¿Quiero salir? A veces el fondo de las cosas parece un lugar seguro. He pasada tanto tiempo aquí abajo.. ¿Quiero salir? Ya no sé ni las cosas que sospechaba saber.

Los otros

Los veo, los veo caminar, los veo caminar cada día. Siguen, giran y van, a ninguna parte, a cualquier lugar. Van porque tienen donde ir, o quizás no, pero nada los detiene. Yo simplemente los veo, porque verlos es lo único que puedo hacer. Siguen, vienen y van, llenos de vida. Siguen, vienen y van, llenos de todo lo que no tengo.

Una tarde de mayo cualquiera

Sólo miraba. No pensaba ni buscaba pensar; miraba, apenas. La cabeza apoyada en la silla, quizás de manera incómoda, pero así estaba. Con la vista clavada en el piso. Las líneas de la madera vieja, las líneas del pensamiento, quizás, alguna que otra idea revoloteando por aquí y allá, perdida, inhallable, indiferente. Pero no. Es todo silencio. Y pesar.

Extranjero

Todo apunta hacia otro lugar, lejos de mí. Pareciera que hasta las cosas prefieren ignorarme, mirar hacia donde no esté. Los muebles, los libros, las hojas y los lápices. Es mejor mirar la pared, el techo, el suelo, todos aquellos rincones de un lugar que alguna vez se sintió seguro. Extranjero en mi propio hogar, extraño en mi propio lugar..

Farsa

Uno no puede engañarse a sí mismo.. pero a veces se puede intentar creer que uno se engaña. Una doble mentira. Una doble mentira en la que todos creen y todos son felices. Pero qué poco dura.

Metáforas de segunda mano

Algunas personas pasan a mi lado, otras se detienen. Algunas hablan, otras ríen, revisan sus bolsos, sus teléfonos, sus recuerdos. Los autos siguen, giran, paran y vuelven a arrancar. El mundo sigue, como lo hizo siempre. De repente, momento me doy cuenta de dónde estoy. Pero no recuerdo por qué estoy ahí. ¿Tengo que volver? ¿Tengo que seguir? Es apenas un momento cualquiera de un día cualquiera, y sirve como metáfora completa de mi existencia.

Inconexión

Días lejos, distancia forzosa. Distancia que, sin embargo, acerca a otras cosas. Cosas que siempre vuelven: miradas que incomodan. Miradas que afligen, que deja una huella. Miradas que te llevan de nuevo al principio.

Rutina (2)

Cómo son las cosas, pensó, con cansada preocupación. Cómo son las cosas, que a veces cambian y ni cuenta nos damos. Pero, ¿cambian realmente las cosas?

Tan acostumbrados estamos (nos hacemos) a la rutina, a lo gris, a lo repetido de la inacción.. que los cambios nos resultan inadvertidos. Tanto nos acostumbramos a la nada.. que en ella nos convertimos.

Retazos de una historia cualquiera #6

Ya está, dijo, con seguridad. Algo parecido a una sonrisa asomó en su rostro. Tranquilo, se dedicó a disfrutar del momento. Había tomado la decisión más importante de su vida. Y se sorprendió por ello.

Desconcierto

Palabras sueltas, desordenadas y sin sentido. Perdidas, buscan su lugar pero sólo se pierden más. Quizás algún día formen una idea. Quizás, algún día, formen una respuesta..

Silencios

Son silencios. Siempre son silencios. Las imágenes se renuevan, los lugares, las personas, los tiempos. Todo se renueva. Menos los silencios. Los silencios quedan. Los silencios insisten. Los silencios hacen ruido..

Cualquier mes, cualquier año

La representación del momento. Una imagen, decía el viejo recorte, una imagen vale más que mil palabras. O vale por mil palabras. O algo así. La imagen, en este caso, me incluía. Era yo, en una mesa, en el medio del lugar. Alrededor, nadie. Y todos. La imagen mutaba: a veces estaba rodeado de personas, a veces estaba rodeado de aire. Como sea, las dos opciones eran iguales. Son iguales. Y reales.

La representación del momento. Una imagen que vale por mil palabras. Una imagen que vale por mil días. Una imagen que vale por cuatrocientos meses.

Pausa en la melancolía

Gano un poco de espacio, pero lo pierdo enseguida. Pequeños remiendos del olvidoque, sin embargo, no terminan de adherirse. Es como una cura rápida, momentánea, un antídoto pasajero a estados prolongados. Todo lo que cura es pasajero. La enfermedad persiste. La enfermedad, la pena, la agonía. Firme, desde el comienzo. Firme y constante. Como todo lo malo.

Como todo lo real..

Búsqueda

Caminar, caminar y caminar. Caminar para llegar a ninguna parte, quizás, pero caminar al fin. Caminar porque se busca. Y se busca porque algo de esperanza se tiene. En el fondo, en algún lugar, en algún rincón oscuro del alma.. algo parecido a la esperanza queda. Lo sé porque sigo caminando. Lo sé porque sigo buscando. Y sigo buscando aunque sé que quizás no encuentre nada.

Pero busco para sentirme vivo.

Invisible

A esto he llegado. No recuerdo exactamente cuándo pero en algún momento comencé a depender de los extraños. Y tanto dependo de ellos, que lo más mínimo que hacen.. me afecta. Y es tan mínimo lo que hacen, que me afecta demasiado. Y no hacen nada, realmente. Pero así son las cosas.

Paredes, pisos, puertas y ventanas. Bancos y sillas. Luces, escalones, cestos de basura. Las luces de los autos en la calle, los sonidos que llegan de los edificios lindantes, las hojas de los árboles y los papeles en el suelo. Todo, absolutamente todo allá afuera –y aquí adentro– tiene más presencia que yo. Todo lo que nombré será notado por alquien, en algún momento. Menos yo.

A esto he llegado..

Reajuste

Volví a BA hace una semana. Una semana y horas. Lleva tiempo reacomodarse. No es que hayan cambiado los muebles ni las costumbres ni las obligaciones. Ni siquiera uno cambió, pero.. hay que reacomodarse. Reencontrar los libros, los papeles guardados, las ropas mal guardadas y las cajas mal apiladas. En fin, nada está en su lugar. Pero, en su desorden, están ordenadas.

Cosas que empeoran

(...) No se daba cuenta de que cada vez que escuchas una canción de nuevo, hay una posibilidad de que mejore, pero cada vez que escuchas un poema de nuevo sólo puede empeorar.
“Shakespeare nunca lo hizo”, Charles Bukowski.

Cómo te extrañé, Bukowski.

Repetición

Siempre hablo de lo mismo. Siempre hablo de cómo siempre hablo de lo mismo. Este blog está condenado a la repetición continua. Y el lector casual, al aburrimiento irremediable.

La gran ciudad

Qué cosas, volver a la gran ciudad y volver a los pasos apurados. Volver a escuchar en medio del ruido, tratar de evitar la nada que envuelve todo, escuchar el silencio que rodea. Las melodías que llegan de lejos pero parecieran pasar de largo. La melancolía.. la melancolía que queda. La melancolía que nunca termina de pasar realmente, que siempre estuvo.

Volver a la gran ciudad es volver a la melancolía pura. Volver a la gran ciudad es volver a ser.

Marzo

Sin que uno se de cuenta, las cosas terminan. Algunas terminan. Otras, muy pocas, comienzan. Pero muchas pasan. Pasan de largo, sin detenerse a mirar. Un saludo, un ademán, un gesto cualquiera. Pasan las cosas, pasan los días. A los demás. Siempre a los demás. Los otros, aquellos, los de allá.

Reloj

Cuando cambia por fin el tiempo, y uno abre los ojos, las horas pasadas parecen no haber sido tantas. Quizás fueron demasiadas, no se sabe. Todo es posible. Y, sin embargo, muy pocas cosas son probables..

Distancia

Sentir hasta que no se siente. Pensar lo que se sintió. Darse cuenta de lo que se pensó. Pensar en lo que uno se dio cuenta. Pensar en lo que uno sintió. Darse cuenta que pensar no sirve de mucho. Darse cuenta que sentir es lo único que vale.

Augurios

Pero vos entendés, son cosas que se dicen, como si nada, y después, un buen día, haciendo algo o quizás nada, PUF, aparecen. Suceden, pare mejor decir. Simplemente suceden. Y te das cuenta. Te das cuenta de que lo dijiste. Y lo que dijiste alguna vez, se dio ahora. Y no es la primera vez. Ni la segunda ni la tercera. Las cosas que dijiste, como si nada, se dan. Y se siguen dando. Y entonces, quizás, te preocupás. Hasta que te olvidás.

Hasta la próxima vez que algo que dijiste alguna vez, como si nada, casi sin querer, se haga realidad.

Esencia

Queriendo escribir, me pongo a pensar. Pensando, recuerdo lo que quise decir. Recordando, me doy cuenta de lo que debería haber dicho. Dándome cuenta de esas cosas, me pregunto por qué no las dije. Haciéndome preguntas, recordando lo que no debo, tratando de encontrar los por qué, pasan las horas. Los días, las semanas.

Queriendo escribir, recuerdo quién soy.

Retazos de una historia cualquiera #5

Qué difícil era todo. No lo que era naturalmente difícil, sino también lo que no debería serlo. Los días pasaban y todo costaba más: subir las escaleras, desandar los caminos, abrir los ojos. El día terminaría pronto pero no había consuelo; otro día llegaría y la rutina, la mortal rutina, volvería a colmarlo todo.

Historias perdidas

Elegir lleva su tiempo. Antes no elegía; decía lo que quería cuando se me ocurría, a quien quisiera escucharme. Con las malas experiencias, llegó el silencio. Luego un poco de paciencia. Ahora no sé. No sirve de nada hablar. No sirve de nada decir las cosas, las que sean. No sirve de nada mostrarse.

“Abrirse”, como le decían antes. Quizás lo sigan llamando así. Como sea, no sirve de nada. No sirve de mucho. No sé si sirve. No sé nada.

Material

Paso los días viendo catálogos de cosas que no puedo comprar.

Hasta lo material resulta lejano..

Sin entender

¿Cómo son las cosas? ¿Cómo es que todos parecen estar bien? ¿Por qué todo se siente tan irreal? Lejano e inexplicable, lo de siempre, lo demás. Los demás.

Es como ver una película que dura todo el día.

Entendimiento casual

A veces, los textos encontrados pueden estar algo pálidos o desteñidos pero no dejan de estar vigentes. Representan un momento: aquel en el que fueron escritos, y éstos en los que fueron (re)encontrados.

O será que uno está sumergido siempre en la misma nada..

Realidades

Puedo decir la hora, o hablar de una enfermedad. Nadie escucha, nadie opina. A veces sólo quiero una simple respuesta. Me conformo con un monosílabo.

Pero ni eso llega.

Retazos de una historia cualquiera #4

Intraquilidad, intranquilidad absoluta. El pie no dejaba de golpear el piso, aunque silenciosamente. Las manos.. las manos jugaban entre ellos y los dedos se enredaban, como los pensamientos. Los pensamientos.. todos ellos, inútiles y huidizos. Es que el día no terminaba, las horas no pasaban.. y nada cambiaba. Todo seguía igual. Inmerso en la ilusión de que un nuevo día será distinto. Todos los días son iguales. Siempre lo fueron. Y siempre lo serán..

Retazos de una historia cualquiera #3

La tranquilidad, en todo caso, llegaría el día que pudiera decidirse. Pensó, razonó, meditó. La solución no parecía llegar nunca. En realidad, sabía lo que tenía que hacer; pero no se animaba. Una muestra de cobardía, pensó. Como tantas hubo antes de su propio miedo, egoísmo y falta de ambición. La tranquilidad, se consoló, llegará el día que pueda tomar una decisión. Cualquiera, aunque no sea ésa, la más importante, la que seguramente terminará con todos sus padecimientos.

Confines

A veces pierdo de vista el horizonte. El límite entre lo real y acostumbrado, y lo imaginario e inusual, puede desvanecerse. O quizás lo hago porque necesito hacerlo, como una forma de huir. Huir de un lugar para volver a otro del cual no podemos escapar. Y así se pasa la vida...

A esto he llegado

Qué bueno, pensé, qué bueno es tener esto. Esto es mejor que aquello. Aquello es nada. Esto.. esto quizás también sea nada. No me animo a decirlo. No podría decirlo. Esto es mejor que aquello. Esto es mejor que nada. Esta nada es mejor que aquella nada.

Conformarse con diferentes niveles de una misma nada..

Las realidades de algunos

Las preocupaciones cercanas que me alejan de los problemas propios, casi inexistentes. Una vez alguien me dijo que los problemas de uno son de uno y que nadie más sabe cómo son o cómo se sienten. Pero son menores. Yo sé que son menores, menos importantes que los de los demás. Yo sé que no son nada. Como yo soy nada. Y mis problemas.. pequeñeces. Nimiedades, apenas. Pero están, y a veces me ahogan y me aplastan. Pero es lo que le (nos) pasa a la gente pequeña.

Mientras tanto, las preocupaciones cercanas mantienen la mente ocupada. La mente, el ánimo, los días, eso que algunos llaman vida. Cuando aquellas preocupaciones se terminan (por suerte), volvemos (vuelvo) a ese estado de inconsciencia en el que apenas si puedo diferenciar lo real de lo irreal y demás idioteces con las que suelo llenar mis días. ¿Cómo se puede pensar tanto una realidad vacía..?

Tiempos perdidos (3)

Minutos perdidos, que se convierten en horas y luego en días y semanas y meses. Y al final la vida entera está perdida y no queda más que arrepentirse.

Pero quizás así empezó todo: con una larga sesión de arrepentimientos..

Retazos de una historia cualquiera

Cómo será mañana, se preguntó. Será igual, será distinto. Hoy fue igual. Ayer fue igual. Siempre es igual. ¿Por qué debería cambiar?, se preguntó, ahora en voz alta. No vale la pena, sentenció, y cerró los ojos. Las cosas cayeron a su alrededor y el silencio llenó el ambiente. Cómo será mañana, volvió a preguntarse, casi susurrando.

Nadie

Nunca hay nadie. Los que me conocen, me conocen poco y se sorprenderían de lo que tengo para decir o contar o, peor, pensarían que es todo un gran chiste (quizás lo sea, pero no en el sentido que esas personas podrían suponer). Los que me conocen un poco mejor ya no están. Porque cambiaron los lugares, los tiempos o simplemente porque se cansaron. Lo mismo da: no hay nadie y nunca lo habrá.


Interrogante

¿Por qué hace falta tan poco? Para todo. Nunca se necesita mucho. Ni para estar bien.. ni para estar mal. Debería ser al revés. Quizás. Ya no sé.

Cadenas

Encadenado a los recuerdos vive, y sólo por ellos despierta. La realidad lo golpea, pero es ineludible.

A veces sólo se puede recordar. Y recordar se parece tanto a morir..

Problemas y números

Algunas cosas no se quedan en el camino; puede cambiar la hora, el día, el mes, hasta el año. Pero algunas cosas quedan. Se resisten a ser dejadas de lado, a ser olvidadas o ignoradas, incluso tachadas con trazos gruesos y torpes.

Después, cuando ya es tarde para todo, uno se da cuenta que no importa la hora ni el día ni el año. Son apenas números. Números que persisten y quedan impresos. Sobre el papel, sobre las paredes, sobre la piel. Números indelebles, imposibles de borrar. Como los hechos. Como los recuerdos.