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“Es como si no quedara más que el silencio..”

No sé qué es peor. Hay veces que una misma cosa llama a lo bueno y a lo malo. Y esa única cosa puede contagiar a otras. O quizás sean varias, cada cual con su propia historia. Y se juntan y son muchas y de repente uno está rodeado y no hay adónde ir.

Pasa el tiempo y queda poco a qué aferrarse. Es como si no quedara más que silencio.. pero el silencio también llama a lo bueno y a lo malo. Hablo de esas cosas que hacemos y nos recuerdan a otras personas, o a nosotros mismos, y no de la mejor manera. En este momento, mientras escribo, hago un par de cosas que me recuerdan más cosas malas que buenas. Pero es lo que tengo.

Son los ánimos que luchan. Y uno tiene que contemplar esa batalla. Luchan por nuestra atención, por nuestro dominio.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.