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Sabiduría encontrada

Al final de las horas, que fueron varias —o, por lo menos, así se sintieron—, estaba en el mismo lugar de siempre. Al menos eso parecía. La verdad, ya ni sabía. Estaba en un lugar, sentado en el rincón, puede que alguna suave melodía sonara de fondo, puede que alguien detrás de estas paredes hablara fuerte, puede que el mundo siguiera andando. Delante mío, una botella vacía pero marcas húmedas de varias más. La noche parecía terminar pero no me importaba. Yo llamaba ese momento el “final de las horas” pero era comienzo de la razón, el comienzo del entendimiento, la hora de la lucidez. Como todas las cosas, llega tarde.

Pero esta vez, por ser hoy, por ser hoy un día cualquiera, me dedicaré a disfrutar. O sufrir menos, para ser más exacto.

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