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Lo que nadie quiere

Pienso y me pregunto, qué tendré. Qué tendré yo que alguien más quiera. Veo a esa gente que me rodea, que no es feliz, y tiene todo lo que yo querría tener. Entonces, insisto: ¿qué tendré yo que ellos no tienen? ¿Será posible alguna especie de intercambio? ¿Un trueque, a la antigua..? No, nada de eso es posible. Esa gente que me rodea, que no es feliz, no necesita nada de lo que yo tengo. Es así como funciona. Mientras tanto, me seguiré preguntando.. qué tendré, qué tendré que alguien más pueda querer.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.