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15 de septiembre de 2012

Había estado en silencio varios minutos, sin darme cuenta. Hacía rato que la música había terminado, el ruido en la casa era mínimo y lo único que se movía eran las cortinas improvisadas, agitadas suavemente por suaves corrientes de aire. Me di cuenta de que había pasado unos momentos pensando, aunque no recordaba en qué. Bajé y me paré frente a uno de los espejos grandes. Mantuve la mirada en mis ojos por un largo rato. No hubo suspiros, no hubo gestos, no dije ni una palabra. Alrededor mío, seguía el silencio. Tranquilidad total. ¿Será esto la paz interior..? Esa paz interior de la que he leído y de la que me he reído, más de una vez. Pero si existe, se debe parecer a esto. De repente, la comprensión. Lo entendí, me di cuenta. Estaba listo.

Estoy listo.

..pero no hice nada. No fui a ningún lugar.

Sin embargo, ahora sé. Llegué a ese lugar. Nada ni nadie podrá cambiarlo, o convencerme de que vale la pena quedarme.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.