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Tarde de invierno

Era una de esas imágenes vívidas, tan reales que se podían sentir las texturas. Las texturas y las superficies y la piel. También los aromas, aunque casi imperceptibles. Y también el tibio abrazo de los rayos de sol, tímidos en estos días grises pero de todas maneras presentes, aunque más no sea de a ratos. Era todo tan real que nadie se detuvo a pensar que no lo era. Era todo tan real que sólo me limité a disfrutar.

No puedo ahora recordar el lugar, ni siquiera si fue uno solo o varios a la vez. Quizás caminamos por toda la ciudad pero aún así no recuerdo nada. Sólo recuerdo tu compañía, tus gestos, tu tacto y casi nada más. Eras real y era todo lo que importaba. Pero quisiera poder recordar más. Quisiera poder decir que te reconocería si te viera otra vez, quisiera creer que esto se puede repetir. Quisiera querer poder recordar, pero recuerdo entonces que todo se olvida demasiado rápido. Mientras escribo, olvido tus palabras, olvido el color de tus ojos, olvido cómo se veía tu sonrisa, cómo se oía y cómo me sentía al oírla.

Al final del día, como siempre pasa cuando se abren los ojos (aunque uno crea que los está cerrando), será todo un recuerdo. Y como cada vez que te das cuenta de que lo que viviste no fue real, intentás aferrarte a lo que puedas recordar.. y al final serán sólo unas cuantas imágenes, tristes fotografías incompletas que no reflejan el goce vivido. Y el desencanto será doble. Por unas horas, al menos. Si tenés suerte, recordarás y te quedarás con lo bueno. Si es como cualquier otro día, sólo quedará levantarse y seguir, porque el mundo sigue aunque uno se quede parado sobre él.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Abue

El sábado hizo un mes que murió mi abuela. No me cuesta escribirlo pero me cuesta creerlo. Y antes de eso, pasó un mes internada. Tanto tiempo pasó, y sin embargo parece que no hubiera pasado nada. Sigo sin entender muy bien, sigo sin creer nada.. o sin querer creer nada. Sigo porque tengo que seguir y no pienso porque es lo que me conviene. Un poco nos habíamos acostumbrado a que no apareciera mucho, pero estaba. Y ahora ya no está más, y es difícil admitirlo. Difícil, imposible. Algún día voy a caer, abue, y nadie me va a poder levantar. Ojalá estés bien, donde sea que estés. Con tu viejo Nacho, con tu gato Juan, con tus hermanos. Ojalá, ojalá.

Agradezco haberte dicho las cosas que debí decir mucho antes, y seguiré viviendo con la culpa de haber dicho o hecho otras cosas que no debí decir o hacer. Hasta que caiga del todo, brindo en tu nombre.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.