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Sobre amistades descuidadas

Imaginate una larga charla, en la que habríamos de ponernos al día luego de meses. Años, quizás. Yo la imaginé, y te decía cosas que siempre quise decirte, pero nunca era el momento. Porque no era el día, porque no era el momento ni el ánimo, o simplemente porque era yo. El mismo de siempre. Pero imaginala. Imaginá que digo muchas cosas que suenan a reproches, pero no lo son, porque en el fondo quiero que te des cuenta de las cosas. Y no dejo que me interrumpas, pero lo hago de buena manera, apretando suavemente tu brazo. Y vos entendés, entendés que es el momento de dejarme hablar porque quizás son cosas que me guardé durante mucho tiempo. Y así, me desahogo. Y te digo mis verdades. Que probablemente sean erradas, pero son mías.

Al final, quizás, me conozcas por fin como me deberías conocer. Y la realidad será otra.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Abue

El sábado hizo un mes que murió mi abuela. No me cuesta escribirlo pero me cuesta creerlo. Y antes de eso, pasó un mes internada. Tanto tiempo pasó, y sin embargo parece que no hubiera pasado nada. Sigo sin entender muy bien, sigo sin creer nada.. o sin querer creer nada. Sigo porque tengo que seguir y no pienso porque es lo que me conviene. Un poco nos habíamos acostumbrado a que no apareciera mucho, pero estaba. Y ahora ya no está más, y es difícil admitirlo. Difícil, imposible. Algún día voy a caer, abue, y nadie me va a poder levantar. Ojalá estés bien, donde sea que estés. Con tu viejo Nacho, con tu gato Juan, con tus hermanos. Ojalá, ojalá.

Agradezco haberte dicho las cosas que debí decir mucho antes, y seguiré viviendo con la culpa de haber dicho o hecho otras cosas que no debí decir o hacer. Hasta que caiga del todo, brindo en tu nombre.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.