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Mentiras

Hace muchos años, quién sabe hace cuánto tiempo realmente, llegaba a la conclusión de que lo mejor era no esperar nada de nadie. Alguien me decía que era lo correcto. Yo pensaba que, no esperando nada de nadie, te podía sorprender lo poco que pudiera aparecer, si aparecía, en algún momento. Todavía hoy lo creo. Pero, como en aquel entonces, no estoy seguro de que lo crea en realidad, con la suficiente convicción. Es sólo algo a lo que me puedo sujetar, para decir que creo en algo. Creer en creer en algo. Es doble la mentira. Y doble el desengaño. No es que crea que es mejor no esperar nada de nadie, sino que creo que es mejor creer en eso. Pero sigo en la mía, basando mis esperanzas en frases sueltas y diálogos de ocasión.

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Frase hecha

Como palabras dichas en otra realidad, algunas verdades retumban en mi cabeza. Pienso en lo que podría haber sido, y me río. Me río para no llorar.

Espejo

Estaba la luna pintada como en esos viejos cuadros que creía haber visto en primera persona. Estaba la luna triste, como ese triste bufón que veo en el espejo. Estaba la luna triste pero se alivió al ver que había un personaje peor en el paisaje. Estaba la luna triste. Estaba la luna. Estaba yo.