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Que siete años no es nada..

Cuando me doy cuenta, de la hora, de la fecha, del momento en el tiempo en el que estoy parado, y veo que mi hora límite no está tan lejos, me intranquilizo. En realidad, no es intranquilidad; no es nada. Es un instante en el que el tiempo pareciera detenerse, hasta otras ideas aparecen y vuelvo, lentamente, a la normalidad. O algo parecido a la normalidad.

Después pienso, siete años. No es gran cosa. Después pienso que sí, que puede ser gran cosa. O no. Y así digo y desdigo las cosas, una y otra vez. Que muchas cosas pueden pasar en siete años, me miento. Pero también pueden pasar muy pocas. Y pienso para atrás, buscando recuerdos escasos en un diario casi en blanco. Y en seis, siete años para atrás, tan pocos puntos de referencia en los cuales detener la mirada y evocar alguna sensación, la que fuera.

Así entiendo, o termino de entender, que este tiempo que a veces se me pasa tan rápido, otras veces pasa demasiado lentamente. Y querría que esa hora límite estuviera más cerca, mientras trato de convencerme de que sabría qué hacer llegado el momento. Y quizás no haga nada, porque nunca hice nada, ni cuando creí tener la posibilidad de hacer algo. Posibilidad que, seguramente, tampoco haya sido verdad. Cómo se puede vivir una mentira tras otra, cómo se puede creer tanto. ¿Cómo puede uno aferrarse tanto a una existencia tan vacía, sólo con la débil esperanza de que el nuevo día traerá algo bueno?

Es imposible recuperar el tiempo perdido, pero también lo es intentar recobrar algo de esa energía, voluntad, o lo que sea que te hace abrir los ojos por la mañana. Debería haber algo más.

Debería haber algo más..

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

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De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.