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Reflexiones forzadas

Sospecho que esta vez, para variar, voy a esperar por otras cosas. Casi sin darme cuenta, desde hace un tiempo espero por cosas diferentes. ¿Esperanzas nuevas? No, simple realización, simple razonamiento. Sé que digo que no creo en ciertas cosas, y sé que digo que en el fondo sí creo, aunque sea un poco. Pero ahora es diferente. Todo es diferente. Es lo mismo, a final de cuentas, pero diferente. ¿Tiene sentido? Claro que sí, en algún lugar. Esperar, ya no vale la pena. Como dije alguna vez (este blog vive de la repetición), no recuerdo cuándo pasó, cuándo dejé de interesarme o cuándo dejó de importarme. Todo, cualquier cosa; simplemente no recuerdo cuándo dejó de importarme. Es lo que el pesimismo le hace a uno; lo derrota, de a poco, lentamente. Un día, uno se despierta y ya no quiere luchar más. Ni siquiera decir algo. A esto se reduce la vida.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.