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Y un día de enero...

¿Te conté alguna vez de la chica que tocaba el violín? Sí, de esas cosas que pasan cada.. de esas cosas que me pasan cada muchos años. Pero era verdad. Y como todo lo verdadero, todo lo bueno, todo lo verdaderamente bueno, duró lo que un suspiro. Mejor, diría alguien por allí. Para no hacerse ilusiones extrañas. Pensamientos, ideas infundadas, etcétera.

No recuerdo la fecha. Qué memoria, dioses. ¿Tanto tiempo pasó? Quizás recuerdo la fecha pero evito fijarme mucho para no deprimirme. Esos recuerdos mustios y abandonados a los que hay que limpiar un poco para que vuelvan a estar presentables. ¿Cómo contarte una historia o mostrarte una vieja imagen si está cubierta de polvo o sus colores ya no tienen vida? Pero ya sabés, así son mis historias.

Reuniones sociales de compromiso, pequeñas charlas en lugares que ya no recuerdo, caminatas por ciudades vecinas en las que el horizonte se pierde de noche. Viajes de vuelta de casa con el ánimo mejorado y el espíritu fortalecido, con ganas de ver qué nos depara el mañana pero más ganas aún de no arruinar nada, de no meter la pata, de no ser yo mismo al menos por unos días más.

La historia que no es historia duró menos de lo que tardé en escribir esta entrada. La otra persona se fue lejos, después fui yo el que viajó lejos, y aunque estemos ahora en la misma ciudad, somos extraños. Hace mucho tiempo que somos extraños. ¿Por qué me habré vuelto a acordar..?

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.