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Intranquilidad

Estoy bastante complicado con un extraño dolor de espalda que nació como una simple molestia. Pero hoy (ayer) fue un día raro. Caluroso como siempre, con las mismas cosas que se dicen o escuchan o leen o escriben. Un día como casi cualquier otro de este enero sofocante.

De repente, una noticia. Una noticia no muy buena. De hecho, una pésima noticia. Y las dolencias, que al principio eran tímidas molestias, se mezclan con la preocupación y uno no se puede levantar de la silla. Pasé una hora inmóvil en la silla, con la mente en blanco y la vista perdida en la nada. Pasó el tiempo y no sólo me costó horrores levantarme, sino que no me pude dormir. Estoy acá, ahora, buscando una mínima distracción, mientras el medicamento de turno aplaca un poco los dolores físicos pero la preocupación sigue ahí, y se acumula.

La pésima noticia puede empeorar en una semana. O perder la condición de pésima y convertirse en un mal trago, en algo feo que terminó en nada. Como sea, serán días larguísimos, de esperas al borde de la silla y la mirada siempre perdida en la pared o en el techo. Ojalá encuentre algo de paciencia..

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.