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Los idiotas

Iba a escribir una larga entrada quejándome de los idiotas de siempre, que cada año esperan a que el reloj marque la medianoche y entonces se dedican a hacer ruido y encender lucecitas vulgares, bajo las cuales bailan su danza estúpida y aplauden y dejan en claro, como si hiciera falta, su estrechez de mente. Iba a hacer notar cómo en lugar de pasar esos primeros minutos del día brindando con mi familia, tengo que estar abrazando y tranquilizando a mis mascotas, muertas de miedo por el ruido. El brindis es lo de menos, obviamente; lo mismo da brindar a las doce o a las doce y veinte. El problema son los pobres bichos, que se desesperan ante bochinche inútil. ¿Y con qué objeto? Para que unos pocos imbéciles vean luces durante unos minutos, como si eso fuera a cambiar sus vacías y miserables existencias. Iba a contar cómo cada año parezco enojarme más y sin embargo me aguanto, porque andar gritándole cosas a los vecinos no es la mejor manera de gastar esos minutos. Y seguro que ya saben hace rato que son unos pobres infelices o que la mujer duerme con otros, no voy a ser yo quien se los haga saber.

Iba a escribir todo eso pero me calmé un poco. Dejé pasar las horas, los días.

Que quede en claro, eso sí: no soporto la estupidez humana que se manifiesta, como nunca, cada 24 y 31 de diciembre.

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Abue

El sábado hizo un mes que murió mi abuela. No me cuesta escribirlo pero me cuesta creerlo. Y antes de eso, pasó un mes internada. Tanto tiempo pasó, y sin embargo parece que no hubiera pasado nada. Sigo sin entender muy bien, sigo sin creer nada.. o sin querer creer nada. Sigo porque tengo que seguir y no pienso porque es lo que me conviene. Un poco nos habíamos acostumbrado a que no apareciera mucho, pero estaba. Y ahora ya no está más, y es difícil admitirlo. Difícil, imposible. Algún día voy a caer, abue, y nadie me va a poder levantar. Ojalá estés bien, donde sea que estés. Con tu viejo Nacho, con tu gato Juan, con tus hermanos. Ojalá, ojalá.

Agradezco haberte dicho las cosas que debí decir mucho antes, y seguiré viviendo con la culpa de haber dicho o hecho otras cosas que no debí decir o hacer. Hasta que caiga del todo, brindo en tu nombre.

Frase hecha

Como palabras dichas en otra realidad, algunas verdades retumban en mi cabeza. Pienso en lo que podría haber sido, y me río. Me río para no llorar.

Espejo

Estaba la luna pintada como en esos viejos cuadros que creía haber visto en primera persona. Estaba la luna triste, como ese triste bufón que veo en el espejo. Estaba la luna triste pero se alivió al ver que había un personaje peor en el paisaje. Estaba la luna triste. Estaba la luna. Estaba yo.