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Foto

Te veo.

Te veo en una foto que encontré de casualidad. Te veo feliz. Tus ojos, llenos de vida, perdidos en la inmensidad del mar. Sonrío. En alguna esquina perdida de mi corazón, me conforta. Me alegra saber que pudiste encontrar tu lugar. Me alegra saber que pudiste seguir adelante y que nada te detuvo. Pero ese sentimiento.. esa falsa sensación de contento dura apenas segundos. No me conforta. Es más, no me interesa. De repente, los recuerdos. Sí, los recuerdos. Siempre listos para despertarme.

No me importa lo que veo en la foto. Me da igual. Me da igual lo que sientas o digas o vivas por estos días. Te odio. Te odio por sacarme de tu vida a los empujones, sin pensarlo. Sin pensar en nada. Sin pensar en lo que dijiste ni en lo que hiciste. Te odio por sacarme de tu vida. Tan simple como devastador. No importa cuántas veces me repita que te entiendo, no me puedo convencer. Quizás en algún momento creí entender, pero esas cosas se terminan. Esas falsas ilusiones de comprensión. Es todo una mentira. Una gran mentira.

Pasan los minutos y la calma regresa. Subibajas emocionales, como los llamaba hace mucho tiempo. Con la calma, regresa la razón. No te odio. Te odié. Pero el tiempo pasa y algunas cosas se olvidan. No se curan, se olvidan. No existe el perdón, ni el olvido absoluto.

Me río de las mentiras que nos decimos para tranquilizarnos. Mentiras destinadas a convencernos de que las cosas pasan y pasaron por una razón, que hicimos bien en hacer lo que hicimos y que nuestras intenciones son y fueron nobles. Me río de las cosas que uno puede creer sólo por necesidad.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Abue

El sábado hizo un mes que murió mi abuela. No me cuesta escribirlo pero me cuesta creerlo. Y antes de eso, pasó un mes internada. Tanto tiempo pasó, y sin embargo parece que no hubiera pasado nada. Sigo sin entender muy bien, sigo sin creer nada.. o sin querer creer nada. Sigo porque tengo que seguir y no pienso porque es lo que me conviene. Un poco nos habíamos acostumbrado a que no apareciera mucho, pero estaba. Y ahora ya no está más, y es difícil admitirlo. Difícil, imposible. Algún día voy a caer, abue, y nadie me va a poder levantar. Ojalá estés bien, donde sea que estés. Con tu viejo Nacho, con tu gato Juan, con tus hermanos. Ojalá, ojalá.

Agradezco haberte dicho las cosas que debí decir mucho antes, y seguiré viviendo con la culpa de haber dicho o hecho otras cosas que no debí decir o hacer. Hasta que caiga del todo, brindo en tu nombre.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.