Ir al contenido principal

Coreografía

Es como si te pudiera ver, aunque nunca pude hacerlo. Te adivino nerviosa, detrás del telón. Nerviosa por salir, no porque no quieras estar sobre el escenario. Es tu lugar y contás los segundos para saltar sobre él.

La oscuridad y el silencio se apoderan del lugar. Un piano comienza a sonar, tímidamente. El telón se corre.

Aparecés y todo se ilumina. Las miradas distraídas están ahora atentas. Ningún detalle, ningún movimiento se le escapa a nadie. Espío brevemente a los demás y me doy cuenta que los hipnotizaste. Los hipnotizaste como hiciste conmigo. Sonrío, disfrutando del momento. Nadie pestañea, siquiera.

Las últimas notas suenan y el número termina. Los aplausos llegan y se mantienen. Cada vez que veo esa sonrisa final, descubro nuevamente lo que significa para vos. No se trata de recibir aplausos ni de gustar ni de entretener ni nada de eso. Se trata de estar en tu mundo. Ese mundo en el que todo se mueve a tu alrededor, y no al revés. Ese mundo en el que sos libre.

Para vos, bajar del escenario es como volver al mundo real. Es lo mismo que le pasa a cada uno de nosotros luego de despertar de un sueño fantástico. Es despertar y contar los segundos hasta la próxima vez. La próxima vez que puedas vivir en libertad.

Entradas más populares de este blog

El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.