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Hablando de reconocer conductas

Ayer hablaba de encuentro de miradas. Hoy, de reconocer gestos. Yo caminaba rápidamente hacia un lugar, para buscar unos papeles, unos trabajos impresos. Ella caminaba en la misma dirección, pero mucho más despacio. Manos en los bolsillos, primero. Luego se acomodó su corto cabello. Aunque primero lo desacomodaba para arreglárselo después, y así un par de veces. Reconozco los gestos, te juro que sí.

Es el andar solitario. Sé que suena tonto, pero esas cosas.. esas cosas a veces se ven. La sonrisa, las maneras, los gestos.. son sinceros, pero cansados. Están teñidos de una melancolía que se puede palpar.

Chequeé por última vez los trabajos, se los entregué y nos despedimos hasta la semana que viene. Bajé las escaleras con una extraña sensación, mezcla de entusiasmo y algo más, menos agradable. Era un entusiasmo tímido, por supuesto. Pero a veces, reconocer en alguien más esos indicios, tan de uno y tan de pocos. Como dije antes, te hace sentir menos solo.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.