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Fábulas caseras

Hace unas semanas hablé con alguien con quien no hablaba hacía mucho tiempo. No recuerdo cómo se dio el contacto. No importa. Hablamos. Y me contó una historia.

Escuché con suma atención, como un chico al que le narran un cuento de hadas. Al final, mis ojos brillaban. Brillaban con una luz de esperanza, rara en mí. Esperanza y entusiasmo.

Supongo que mi reacción podría haber sido diferente. En algún momento, se mezclaron un poco de tristeza con algo de ira. “El protagonista de aquella historia debería haber sido yo”, pensé, fiel a mi egoísmo característico. Pero aquello no duró mucho, por suerte.

Me sentí bien, contento. La historia que me contaron resultaba conocida. He vivido historias similares, y aunque nunca terminaron bien para mí, todo aquello hizo nacer una nueva ilusión. O quizás fortaleció una ilusión ya existente.

A partir de entonces me sentí confiado. Había iniciado un nuevo viaje, con el que espero llegar a lugares conocidos. Con momentos que quisiera revivir, aunque los protagonistas sean diferentes. Quizás tome mucho tiempo. Y quizás no llegue a ninguna parte. Pero las ganas están. La intención, la voluntad.. está todo en su lugar.

Hoy digo y hago las cosas de manera distinta a como lo hacía hace unas semanas. Hay una confianza inusual, alimentada por la ilusión. Esperanza, como dije antes. Y me alegro mucho por las pequeñas cosas que se me dan, y evito aflicciones innecesarias.

Quizás llegue. Quizás se me dé.

Ojalá.

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Abue

El sábado hizo un mes que murió mi abuela. No me cuesta escribirlo pero me cuesta creerlo. Y antes de eso, pasó un mes internada. Tanto tiempo pasó, y sin embargo parece que no hubiera pasado nada. Sigo sin entender muy bien, sigo sin creer nada.. o sin querer creer nada. Sigo porque tengo que seguir y no pienso porque es lo que me conviene. Un poco nos habíamos acostumbrado a que no apareciera mucho, pero estaba. Y ahora ya no está más, y es difícil admitirlo. Difícil, imposible. Algún día voy a caer, abue, y nadie me va a poder levantar. Ojalá estés bien, donde sea que estés. Con tu viejo Nacho, con tu gato Juan, con tus hermanos. Ojalá, ojalá.

Agradezco haberte dicho las cosas que debí decir mucho antes, y seguiré viviendo con la culpa de haber dicho o hecho otras cosas que no debí decir o hacer. Hasta que caiga del todo, brindo en tu nombre.

Frase hecha

Como palabras dichas en otra realidad, algunas verdades retumban en mi cabeza. Pienso en lo que podría haber sido, y me río. Me río para no llorar.

Espejo

Estaba la luna pintada como en esos viejos cuadros que creía haber visto en primera persona. Estaba la luna triste, como ese triste bufón que veo en el espejo. Estaba la luna triste pero se alivió al ver que había un personaje peor en el paisaje. Estaba la luna triste. Estaba la luna. Estaba yo.