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Rescate

Cuántas veces hablé de lo mismo. Seguramente estarás cansado de oírme gimotear sobre lo mismo, una y otra vez. Pero dejame, dejame que te cuente.

A veces un extraño llega, te tantea el hombro y te habla. Una pregunta, dos, a veces es sólo un saludo, quizás un comentario sin sentido. Pero si hasta las acotaciones más banales..

Ella me preguntó por esto, por aquello. El significado de esta palabra, de aquella, ¿transcurre en una época tal? Sí, adiviné, aunque no supiera nada. Hay cosas que escucho sin entender del todo; es que me dejo llevar por la música, me entendés. Le dije que sí, que tal vez hablara de esto, o aquello. En mi cabeza sonaban los acordes de la canción.

El mendicante silencioso, que ni siquiera disfruta la compañía de un rótulo. Supone que la expresión triste servirá, pero no siempre. Para que un gesto sirva, debe ser percibido. Y el mendicante en cuestión es casi invisible.

Todos tenemos días así. Todos creemos que nadie nota nuestra presencia, pero a veces un pequeño destello se exhibe tímidamente. Destellos involuntarios. Tan involuntarios en su aparición como inconscientes de la luz que brindan. Quizás esos destellos sean los mejores..

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.