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Pequeñeces

Ayer/hoy tuve un sueño extrañísimo. Muy elaborado, absurdo y en lugares que parecían salidos de video juegos (si quisiera quedar bien, diría libros u obras de arte). La mente, la mente.. funciona de maneras extrañas. Sin entrar en detalles (los cuales serían muy extraños y complicados, de todas maneras), debo decir que funcionó como una especie de “limpieza de pensamientos”. Seguro, a nadie le dura el ánimo que tenía antes de dormirse.. pero me levanté renovado. Extrañado, pero cambiado.

Me ha pasado antes, con otros sueños muy vívidos que he tenido. Lástima que han sido tan pocos.. pero es raro despertar y sentir todavía lo que sintió mientras se dormía. Puede ser feo cuando los sueños han sido desagradables, pero cuando han sido dignos de recordar, es una sensación maravillosa (sí, uso la expresión maravillosa, y derivados, con frecuencia).

¿Por qué tengo que tener un día miserable para soñar así?

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.