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Momentos perdidos

A veces es mejor guardar silencio. Si no va a beneficiar a nadie, si sólo traerá consecuencias indeseables, ¿para qué insistir?

Aquel día me arreglé un poco más de lo acostumbrado. Un poco más de lo acostumbrado quiere decir, apenas, un par de segundos. Vale la aclaración. Pero yo me arreglé. Entre comillas.

Luego hice lo de siempre: caminé las mismas cuadras, esperé en las mismas paradas, tomé los mismos colectivos. Luego volví a caminar las mismas, aunque diferentes, cuadras que camino cada día. Practiqué en mi mente las palabras, los gestos, las posibles respuestas. Todo estaba planeado. Nada podía salir mal.

Llegó el momento. La ví. Pasé cerca de ella. Pero no dije nada. Ni una palabra. Y la oportunida pasó. Fue la última. Lo sé ahora.

Porque nuestros horarios cambiaron. También las costumbres, los lugares frecuentados. Aquella había sido mi última oportunidad. Y no lo supe, no me di cuenta. Hasta que fue tarde. Aunque caminé los mismos caminos, aunque esperé en los mismos lugares, aunque repetí los mismos hábitos, nada se repitió. Nada. Ni un simple detalle.

A veces la realidad te golpea en la cara no sólo una vez, sino varias. Se empeña en dejarte en claro que perdiste tu oportunidad. La oportunidad. Yo sé que el tiempo es lo único que no se recupera en la vida. Pero a veces también perdés la ocasión. El momento. Cosas que jamás se repiten.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Abue

El sábado hizo un mes que murió mi abuela. No me cuesta escribirlo pero me cuesta creerlo. Y antes de eso, pasó un mes internada. Tanto tiempo pasó, y sin embargo parece que no hubiera pasado nada. Sigo sin entender muy bien, sigo sin creer nada.. o sin querer creer nada. Sigo porque tengo que seguir y no pienso porque es lo que me conviene. Un poco nos habíamos acostumbrado a que no apareciera mucho, pero estaba. Y ahora ya no está más, y es difícil admitirlo. Difícil, imposible. Algún día voy a caer, abue, y nadie me va a poder levantar. Ojalá estés bien, donde sea que estés. Con tu viejo Nacho, con tu gato Juan, con tus hermanos. Ojalá, ojalá.

Agradezco haberte dicho las cosas que debí decir mucho antes, y seguiré viviendo con la culpa de haber dicho o hecho otras cosas que no debí decir o hacer. Hasta que caiga del todo, brindo en tu nombre.

Frase hecha

Como palabras dichas en otra realidad, algunas verdades retumban en mi cabeza. Pienso en lo que podría haber sido, y me río. Me río para no llorar.