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Dos cuarenta

Mirá, hoy aparecí, luego de varios días por uno de los lugares que suelo frecuentar. Hice un chiste, o dos, y respondí un par de preguntas. Pero nadie preguntó nada. ¿Por qué no fui? ¿Me pasó algo? Y ese ambiente se supone amistoso.

Sin embargo, en el lugar en el que siempre estoy, que aparenta a veces ser más vacío y solitario, encuentro más voces. Más calor, sin comillas pero con formato. Seguro, la charla podrá ser corta y trivial. Pero es. Existe. Y no sabés cuánto vale.

Son esas cosas, esas pequeñas cosas que casi cualquier otra persona a mi alrededor da por sentado. Y como siempre, son las pequeñas cosas las que.

Pero si a mí no me falta nada, podrás decir. Tengo mis actividades y obligaciones, mi módico dinerillo, puedo almorzar y cenar, si decidiese cenar, y otros lujos de oferta tachada y vuelta a remarcar. Pero falta algo. Siempre falta algo.

Es en esos momentos de silencio, bajando o subiendo los escalones, en los que se hace evidente. Cruzando la calle, viajando en el colectivo, esperando por un turno, lo que sea. Pequeños instantes en los que el vacío se hace palpable. Y se agranda, si lo dejo. Pero a veces no. A veces no puedo hacer nada, y termino acá. Pero otras veces, no. Dioses, tanto consuelo rebuscado. Cómo tomarme en serio cuando ni siquiera yo lo hago, con tanta mentira velada, inseguridad de folletín.

Pero así así pasan los días. Y tantas otras oraciones que empiezan con “pero así”. No se dan cuenta. Nadie se da cuenta. Y nadie pregunta. Cuestión de cerrar los ojos.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Abue

El sábado hizo un mes que murió mi abuela. No me cuesta escribirlo pero me cuesta creerlo. Y antes de eso, pasó un mes internada. Tanto tiempo pasó, y sin embargo parece que no hubiera pasado nada. Sigo sin entender muy bien, sigo sin creer nada.. o sin querer creer nada. Sigo porque tengo que seguir y no pienso porque es lo que me conviene. Un poco nos habíamos acostumbrado a que no apareciera mucho, pero estaba. Y ahora ya no está más, y es difícil admitirlo. Difícil, imposible. Algún día voy a caer, abue, y nadie me va a poder levantar. Ojalá estés bien, donde sea que estés. Con tu viejo Nacho, con tu gato Juan, con tus hermanos. Ojalá, ojalá.

Agradezco haberte dicho las cosas que debí decir mucho antes, y seguiré viviendo con la culpa de haber dicho o hecho otras cosas que no debí decir o hacer. Hasta que caiga del todo, brindo en tu nombre.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.