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Cosas que se dicen

Hace muchos años, cuando era pendejo, se dio una situación, una noche. Mi viejo llegaba tarde y cenaba rápido antes de dormir. Una noche, yo estaba con hambre y me enganché. En un momento, mi vieja me recrimina algo, a lo que yo respondí algo que me pareció simple y concreto. Mi viejo se quedó callado. Cuando se terminó la cena, mi vieja me retó y me dijo que hay cosas que no hay que decir, que no hace falta hacer sentir mal a la gente y demás cosas. Obviamente, los detalles no son necesarios.

La cuestión es que yo no entendí nada. Después de todo, era joven así que también era un poco idiota. Muchos años después. Son cosas pequeñas, pequeñísimas quizás, pero te pueden arruinar la noche. Hay que cuidar lo que se dice, las palabras que se eligen. Y las que no se dicen, también.

La mayoría de las culpas que me aquejan son producto de mis años jóvenes. Tanta estupidez dicha sin pensar, tanta actitud de cuarta. Todavía no pedí perdón porque, bueno, sigo siendo un poco tonto. Las relaciones cambian pero algunas cosas quedan. La culpa es una de ellas.

¿Por qué me acordé de esto ahora? Tiene que ver con la entrada anterior. Hay que aprender a decir las cosas. Decirlas bien. Con el tono justo. Cuesta, seguro. Pero con poco de práctica.. se logra bastante. ¿Sabés cuánto tardé yo para aprender todo lo que sé (que no deja de ser poco)?

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.