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Charla novelesca

Dejame que te cuente.

A veces se dan situaciones raras. Raras por lo poco frecuentes, y hasta sorpresivas. Pero buenas. Magníficas, diría.

Mirá, la otra vez, hace no mucho, me encontré con alguien. Hablamos. Y hablamos. Se hizo de noche, aunque ya era de noche. Quiero decir, se hizo más tarde. Muy tarde. No había nadie en las calles. No nos importó, por supuesto. Cómo interrumpir el momento.

Sabés que no soy de hablar mucho. Nos encontramos y charlamos y al rato me duele la garganta. No es chiste. Me escuchás toser seguido. No es toser, pero aclarar la garganta. Como se diga.

Esa vez no pasó. No me preguntes por qué. Hablé sin parar. Cosas serias, importantes, de gesto adusto y respetuoso asentimiento. Y mis acostumbradas tonterías, humor barato de paso, como para aliviar tensiones. La otra persona se ríe, un poco por compromiso, otro poco porque realmente está cómoda. Y la charla siguió.

Me acuerdo de todo, sabés. Cada palabra, gesto y mirada. Cada nota garabato en agenda, fotocopia o servilleta de papel. Cada freno reflexivo, y su rápida reanudación. Porque estábamos solos los dos. Lo demás, como siempre digo, no importaba.

Una noche para recordar.

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Abue

El sábado hizo un mes que murió mi abuela. No me cuesta escribirlo pero me cuesta creerlo. Y antes de eso, pasó un mes internada. Tanto tiempo pasó, y sin embargo parece que no hubiera pasado nada. Sigo sin entender muy bien, sigo sin creer nada.. o sin querer creer nada. Sigo porque tengo que seguir y no pienso porque es lo que me conviene. Un poco nos habíamos acostumbrado a que no apareciera mucho, pero estaba. Y ahora ya no está más, y es difícil admitirlo. Difícil, imposible. Algún día voy a caer, abue, y nadie me va a poder levantar. Ojalá estés bien, donde sea que estés. Con tu viejo Nacho, con tu gato Juan, con tus hermanos. Ojalá, ojalá.

Agradezco haberte dicho las cosas que debí decir mucho antes, y seguiré viviendo con la culpa de haber dicho o hecho otras cosas que no debí decir o hacer. Hasta que caiga del todo, brindo en tu nombre.

Frase hecha

Como palabras dichas en otra realidad, algunas verdades retumban en mi cabeza. Pienso en lo que podría haber sido, y me río. Me río para no llorar.

Espejo

Estaba la luna pintada como en esos viejos cuadros que creía haber visto en primera persona. Estaba la luna triste, como ese triste bufón que veo en el espejo. Estaba la luna triste pero se alivió al ver que había un personaje peor en el paisaje. Estaba la luna triste. Estaba la luna. Estaba yo.