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Aspiraciones

Son ideas, ¿entendés?. Imágenes, pura fantasía. Una imagen que uno se crea en la mente, perfeccionando detalles con cada minuto que pasa.

Hace muchos años, hablaba de cosas así con una amiga. Cuentos de hadas, fantasías. Historias para chicos, también, por qué no. La existencia o no del consabido príncipe azul. Ella no creía. Yo le decía que sí, que esas cosas pasan. Que hay que creer. Con el tiempo, me dio la razón. Lo importante es creer. Hay muchos tipos de fe, como sabrás.

A veces, esos ideales se hacen presentes. Golpean tu puerta, recitan tu nombre. Dejás lo que sea que estés haciendo y vas a su encuentro. Una compleja elaboración de la mente que no sólo responde a tu anhelo, si no que prueba que lo real siempre superará a la ficción, a la fantasía. Todo lo que soñaste, todo aquello con lo que fantaseaste alguna vez.. delante tuyo, en toda su gloria. ¿No se siente mejor, acaso? Claro que sí.

Sabés que es así. La materialización de los deseos. Hasta en los más mínimos detalles.

Quizás el secreto sea anhelar cosas pequeñas. Aquello que los demás, todos los demás, dan por sentado. El deseo por lo posible, lo palbable. Lo probable. Lo absolutamente real.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.