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Apatía

Hola, hoy. Qué tal, mañana. Cómo estás, pasado.

Así eran las muestras de interés, mínimas. El saludo casual, de ocasión. Pero sincero, en apariencia. Le interesa cómo estoy, ya es algo.
Después te entra esa ridícula idea en la cabeza. Pongamos todo esto a prueba, decís, y desaparecés. Entre comillas. Y paréntesis. Y en cursiva.

Y decime, ¿pasa algo? ¿Algo digno de mencionar? Lo que sea. No, ¿no? Es así como te das cuenta. La diferencia es mínima. La diferencia que hace en sus vidas. Tu presencia.

Y así pasarán más nombres. En pantalla, en persona. No es la vida la que la pasa, ni los minutos. Es uno. Como páginas de un libro aburrido. O una revista de domingo, destinada a ser leída en peluquerías de barrio.

A esto hemos llegado.

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Frase hecha

Como palabras dichas en otra realidad, algunas verdades retumban en mi cabeza. Pienso en lo que podría haber sido, y me río. Me río para no llorar.

Espejo

Estaba la luna pintada como en esos viejos cuadros que creía haber visto en primera persona. Estaba la luna triste, como ese triste bufón que veo en el espejo. Estaba la luna triste pero se alivió al ver que había un personaje peor en el paisaje. Estaba la luna triste. Estaba la luna. Estaba yo.