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Agridulce

Es domingo, temprano, aún oscuro. Ya estoy arriba porque así se dieron las cosas esta vez. La ocasión hizo al noctámbulo. Y el desvelo es el resultado de una larga reflexión. Reflexión que me llevó a tomar una decisión. ¿Pero quién toma decisiones a estas horas? Probablemente alguien que haya pasado toda la noche pensando.

¿Para qué arriesgarse a perder a ciertas cosas? Tan reconfortantes como inusuales. Esas cosas que otros encuentran con sólo recorrer cortas distancias, decir unas pocas palabras. Hacerse notar, apenas. Esas cosas con las que casi cualquiera tropieza a menudo. En cambio yo, que me cuesta tanto encontrar esos focos de alivio.. ¿cómo extinguirlos? ¿Cómo echar todo a perder?

Suspiro, y me digo que es lo mejor. Que está bien. Que mañana, pasado, dentro de un mes, quizás me olvide. No más preguntas al aire, no más dudas ni conjeturas ni cavilaciones rebuscadas. No más imaginación. Por más bien que se sienta, por más dicha que le traiga al alma, esas ideas sólo alimentan una ilusión cuya ruptura me dolerá más en un futuro lejano que ahora, en este presente algo triste, de emociones encontradas.

Mejor abrazarse a lo real y sujetarlo fuerte. Aunque no esté al alcance de la mano, en la cercanía del tacto, está al alcance de los demás sentidos. Y está cerca del corazón, que es lo que importa.

Es la decisión correcta. Y cómo cuesta aceptarla..

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

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Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.