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Agridulce

Es domingo, temprano, aún oscuro. Ya estoy arriba porque así se dieron las cosas esta vez. La ocasión hizo al noctámbulo. Y el desvelo es el resultado de una larga reflexión. Reflexión que me llevó a tomar una decisión. ¿Pero quién toma decisiones a estas horas? Probablemente alguien que haya pasado toda la noche pensando.

¿Para qué arriesgarse a perder a ciertas cosas? Tan reconfortantes como inusuales. Esas cosas que otros encuentran con sólo recorrer cortas distancias, decir unas pocas palabras. Hacerse notar, apenas. Esas cosas con las que casi cualquiera tropieza a menudo. En cambio yo, que me cuesta tanto encontrar esos focos de alivio.. ¿cómo extinguirlos? ¿Cómo echar todo a perder?

Suspiro, y me digo que es lo mejor. Que está bien. Que mañana, pasado, dentro de un mes, quizás me olvide. No más preguntas al aire, no más dudas ni conjeturas ni cavilaciones rebuscadas. No más imaginación. Por más bien que se sienta, por más dicha que le traiga al alma, esas ideas sólo alimentan una ilusión cuya ruptura me dolerá más en un futuro lejano que ahora, en este presente algo triste, de emociones encontradas.

Mejor abrazarse a lo real y sujetarlo fuerte. Aunque no esté al alcance de la mano, en la cercanía del tacto, está al alcance de los demás sentidos. Y está cerca del corazón, que es lo que importa.

Es la decisión correcta. Y cómo cuesta aceptarla..

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Abue

El sábado hizo un mes que murió mi abuela. No me cuesta escribirlo pero me cuesta creerlo. Y antes de eso, pasó un mes internada. Tanto tiempo pasó, y sin embargo parece que no hubiera pasado nada. Sigo sin entender muy bien, sigo sin creer nada.. o sin querer creer nada. Sigo porque tengo que seguir y no pienso porque es lo que me conviene. Un poco nos habíamos acostumbrado a que no apareciera mucho, pero estaba. Y ahora ya no está más, y es difícil admitirlo. Difícil, imposible. Algún día voy a caer, abue, y nadie me va a poder levantar. Ojalá estés bien, donde sea que estés. Con tu viejo Nacho, con tu gato Juan, con tus hermanos. Ojalá, ojalá.

Agradezco haberte dicho las cosas que debí decir mucho antes, y seguiré viviendo con la culpa de haber dicho o hecho otras cosas que no debí decir o hacer. Hasta que caiga del todo, brindo en tu nombre.

Frase hecha

Como palabras dichas en otra realidad, algunas verdades retumban en mi cabeza. Pienso en lo que podría haber sido, y me río. Me río para no llorar.

Espejo

Estaba la luna pintada como en esos viejos cuadros que creía haber visto en primera persona. Estaba la luna triste, como ese triste bufón que veo en el espejo. Estaba la luna triste pero se alivió al ver que había un personaje peor en el paisaje. Estaba la luna triste. Estaba la luna. Estaba yo.