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Pueden ser segundos

Hay un momento en el día, no importa el lugar, no importa la situación. Puedo estar caminando a ninguna parte, puedo estar volviendo a casa en el colectivo, subte, lo que sea. Puedo simplemente estar sentado con la vista fija en la nada, en una pausa de otras tarea. La ansiedad aparece y se queda unos minutos, ignorando que no es bienvenida.

Hay un momento en el día, no importa el lugar, no importa la situación. Los minutos se transforman en horas y la luz, en oscuridad. El ánimo, ingenuo y poco confiable, se toma una licencia de horas y me deja a merced de ella, la angustia simbolizada en el vacío. El vacío aquel en el que perdía la mirada minutos antes.. El vacío ahora soy yo. Y la angustia se aleja, satisfecha.

Un día más. Otra pelea perdida.

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El viejo terruño..

Terminó el año y nunca conté algunas cosas que tenía para contar: este año volví a Resistencia, lo cual se traduce en una sensación de derrotismo total. Pero no se sintió realmente hasta la última parte del año, momento en el que comencé a darme cuenta de las cosas que me habían pasado.

Además, sigo a algunas personas en redes sociales y seguir viendo su vida en BA me hizo mal. Es así, nomás, para qué lo voy a disimular. Pero bueno, resignado estoy desde que nací y así seguiré pasando mis horas. Mientras tanto, las tapitas de bebidas varias se juntan en un rincón.. aspiro a construir un fuerte con ellas. O una nave espacial.

Sueña el tonto

Noches van, noches vienen. Sentado en donde no quisiera estar, pienso y veo lo que creo que quiero ver. Lejos están mi comodidad y mi seguridad; ya no importan. Sólo ese instante de irrealizable alucinación.

De luces

Alguien que conozco llamó a alguien que nunca conocerá "luz de su vida". Por cuestiones que no vienen al caso (frase que se usa para rehuir explicaciones), me sentí pésimo. Al rato me preguntaba -y aseguraba- que yo no soy la luz de nadie. Y después me acordé: yo era la luz de mi abuela. Y me sentí todavía peor.

Todavía no termino de caer.